Los políticos que Chile no (y sí) quiere ver…

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Es evidente que no podemos desmarcarnos del conflicto estudiantil que Chile vive desde hace ya varios meses. Así como no podemos estar ajenos a él, es difícil no tener una posición al respecto. El problema comienza cuando la opinión que tenemos se hace sin altura de miras y, cual caballo de carreras, sólo podemos mirar hacia adelante. Los acontecimientos más polémicos que han rodeado el conflicto se han originado precisamente por esa miopía, una mezcla de factores que sólo saben restar: un egocentrismo incapaz de empatizar con la visión de la contraparte, mucha desinformación y un toque de impulsividad.

Pareciera que vemos y juzgamos todo como si fuéramos dueños de la razón. Nos encontramos parados en el borde de un gran mar, incapaces de ver la otra orilla, esa otra costa desde donde miran los que piensan distinto, y que ahora llamamos “adversarios”. Sólo desde esta posición, con nula capacidad de empatía, se pueden entender los dichos y hechos de ambos actores, los dirigentes y las autoridades.

Sin embargo, no por ser entendibles estas posturas son válidas. Lo hecho y dicho por las partes es condenable, sin embargo, creo que esta actitud es más reprochable cuando viene de parte de quienes fueron elegidos por el pueblo, que depositó su confianza en ellos para ocupar un cargo público que debiera tener como principal meta conducir al país a un mejor futuro. No puede ser que autoridades se abandericen a tal punto por una posición que califiquen a establecimientos de mujeres en toma como “la casa de la remolienda”, que otros traten de “inútiles subversivos” a los que piensan distinto, que el movimiento es “lavacabezas”, que la huelga de hambre “no fue efectiva”, o bien, que un alcalde diga a los estudiantes que el fin no justifica los medios, cuando al mismo tiempo, y a modo de solución y de castigo, cierra las matrículas de sus establecimientos de excelencia para los estudiantes que no son de su comuna. ¿No es todo lo anterior perpetuar el círculo vicioso del conflicto?

Llaman la atención los dichos y actos polémicos de los políticos que se encuentran en el poder, puesto que ellos debieran tener el deber moral de ver el bosque donde todos miran el árbol, y, más importante aún, entender -no necesariamente compartir- posturas diferentes, pensando tres veces antes de actuar. Esto no está sucediendo; el mejor exponente de esto es el alcalde de Providencia, Cristián Labbé, quien en un momento dice que “el fin no justifica los medios”, pero en paralelo “privatiza” las matrículas de los establecimientos de la comuna a alumnos residentes. ¿No es esto no entender las premisas de los estudiantes, botarlas a la basura y hacer todo lo contrario? ¿No es esto excluir de forma explícita a los estudiantes que no son de Providencia, de una buena educación? El hecho de ser discriminados por la comuna de residencia es aberrante.

Seguramente todo esto pasará, los dirigentes actuales ya no estarán en la Confech y quizás cesen las movilizaciones. Y, luego de este año, ¿con qué nos quedaremos? Con una generación que está disconforme con la actual forma de gobernar, que tiene verdaderas expectativas de sus autoridades, y que no teme dar a conocer su opinión -opinión que no está de más señalar que en la mayoría de los casos es tremendamente informada-. Nos quedaremos con jóvenes idealistas, pero que no se quedan en su nube, sino que bajan a “la realidad” a actuar. A corto plazo esta generación tendrá influencia en el país; más de la que ya demuestra. Se incorporarán al sistema electoral, sintiendo suyo el poder y el derecho de triunfar por sobre aquellos políticos que por un capricho causado por la impotencia de ver a colegios de su comuna en toma, son capaces de destruir una comunidad estudiantil, al mismo tiempo que excluir a alumnos que por no tener la “suerte” de ser residentes de ésta, arrebatándoles la oportunidad de educarse en colegios de excelencia académica.

Pero nuestras mayores esperanzas están puestas a largo plazo, cuando veamos a esta generación, instruida bajo el alero del movimiento estudiantil, tomando el poder, siendo los protagonistas de las políticas del país, convirtiéndose en esos políticos que siempre quisieron ver en el poder. Es ahí, en ese preciso momento, en que las autoridades actuales se darán cuenta que esos “inútiles subversivos”, que sólo querían dañar el país, consiguieron lo que quieren: un Chile mejor. Tremenda es la responsabilidad que recae en sus hombros, y grande también será la coherencia con la que deberán actuar. Por ahora sólo queda rezar para que esa llama, ese fuego inconformista, no se apague.

*Alejandra es estudiante de Psicología en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es voluntaria de Un Techo para Chile en el campamento San Francisco, de San Bernardo, y estuvo encargada de formación y voluntariado del Área de Secundarios de UTpCh.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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