Más allá de los “logros” educacionales

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En estos días, cuando ya la mayoría de los estudiantes del país acaban de iniciar el año escolar, se hace necesario replantear  la urgencia de encontrar acuerdos para propiciar una educación equitativa y de calidad. Los lamentables hechos sucedidos el año pasado seguirán estando presentes con más fuerza durante este año. Y no por un afán de rebeldía o de lucha insaciable, como dirían algunos, sino más bien con el fin de sensibilizarnos como país sobre la necesidad de una educación más justa. No será extraña la baja de matrícula en colegios municipales, o, en algunos casos, la deserción escolar. Para muchos estos temas ya resultan odiosos. Pero aquí lo importante es buscar modos de aportar a pesar de la desigualdad y los desacuerdos.

Resulta ilógico pensar que mientras algunos proyectan la educación de sus hijos con una renta mensual de más de 200 mil pesos, otros apenas pueden pensar en conseguir que sus hijos tengan lo necesario para vivir. Y resulta más ilógico aún que las escuelas con menores recursos, para poder dar una educación de calidad tengan que acogerse a leyes o proyectos estatales que muchas veces no manejan y que los conducen a una desgastadora praxis del ensayo error.

La problemática de la educación viene a ser resultado de políticas educativas ineficientes que no se acercan en nada a la realidad de cada sistema educativo. No parece extraño entonces reconocer que a lo largo del país los alumnos estudian en condiciones tremendamente desiguales, y, a pesar de ello, son medidos de igual forma.

Nos debería doler lo que comprueban las encuestas sobre la educación: que los niños y niñas de colegios vulnerables en sus aprendizajes sólo alcanzan los escuálidos logros que sus establecimientos educacionales pueden ofrecerles.

Se hace necesario aún demostrar que todas aquellas evaluaciones gubernamentales -experimentales o formales- son carentes de equidad y desvinculadas de la realidad social particular al determinar los logros que debe alcanzar cada niño(a) o joven en las etapas de su educación. Es necesario reconocer la diversidad que encontramos en cada una de nuestras instituciones educacionales.

Mientras los niños de una escuela municipal de un sector rural o de la periferia de cualquier ciudad van al colegio no sólo para estudiar, sino que también para poder recibir la alimentación que en su hogar muchas veces no les pueden dar, otros niños sí tienen la posibilidad de ocuparse por completo a los aprendizajes que su establecimiento puede entregarles. Un modelo de educación rígido y poco diverso nada tiene que aportar a las diferentes formas de aprender de cada uno de nuestros estudiantes. Esto nos invita a reflexionar, y a no dar la razón a todas esas encuestas o pruebas comparativas que a lo único que nos impulsan es a creer que todo está mal.

Mirando el sistema bajo esta perspectiva, se hace  necesario que estas evaluaciones comparativas (PSU, SIMCE, etc.), se adecuen a cada realidad del sistema educativo. Sólo así mediríamos los reales logros durante un proceso educativo.

Es importante proyectar una educación que no se base en evaluaciones poco constructivistas o poco equitativas, que lo único que logran es crear una suerte de ranking de los malos o los buenos estudiantes o establecimientos educacionales, y que además convierten al sistema escolar y universitario en uno en el que los valores, el desarrollo de habilidades sociales o la libertad de opinión no tienen cabida.

La tarea por mejorar los sistemas educativos es un desafío que debemos asumir todos. La invitación es a disponer el corazón para que soñemos juntos un modelo educativo que propicie y asegure una educación de calidad para todos, a pesar  de los recursos monetarios. Un modelo que nos siga impulsando a luchar por lo que anhelamos, sin dejar que las encuestas nos desanimen. No debemos permitir amargarnos o dejarnos llevar por manipulaciones que poco hablan de la realidad de la educación… debemos mirar con los ojos del alma… sólo así conciliaremos, llegaremos a acuerdos, y seremos capaces de mirar a  nuestros niños(as) y jóvenes como seres integrales y diversos, y no como entes que sólo se hacen parte de un sistema en función de la medición de sus logros.

* Oriana es profesora básica y de educación ambiental, y actualmente colabora en el equipo de formación de la parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, Región Metropolitana.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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