Más allá de esas fáciles respuestas

En la escuela primaria, los maestros intentan verificar nuestro conocimiento de algún tema a través de unas preguntas sencillas a las que hay que contestar, simplemente, “sí” o “no”, o “verdadero” o “falso”. De esta forma, algunas cosas se tachan de “buenas” y otras de “malas”. Se supone que con más años de educación, y con los procesos cognitivos de maduración, los alumnos aprenderían a dar respuestas más complejas a ciertas preguntas. Pero, al parecer, hemos olvidado esto; así, vivimos en un mundo en el cual se busca reducir las respuestas a cualquier situación polémica en solamente dos: la “correcta” -según nuestro parecer- y la “equivocada”.

Por ejemplo, los que luchan a favor de una reforma migratoria en los Estados Unidos, hacen todo lo posible por crear una imagen del migrante como una persona siempre inocente, trabajadora y siempre respetuosa de las leyes domésticas del país. Por otro lado, los que se oponen a la inmigración a los Estados Unidos, buscan la forma de pintar al migrante como siempre criminal, siempre perezoso, siempre mal educado. Sin embargo, el propósito de estas dos imágenes no apunta a darnos una idea de la realidad detrás de esta situación, sino que busca presentar -y reducir- a los migrantes a la básica y simplista categoría binaria de “buenos” y “malos”.

En tanto seres humanos, en cada uno de nosotros existen inclinaciones bondadosas, generosas y serviciales, pero a la vez existen inclinaciones malévolas, avaras y egoístas.

Cuando era novicio de la Compañía de Jesús, me tocó pasar un semestre como capellán de una cárcel donde se detenían a personas por violar las leyes migratorias. Allí se presentaba una realidad mucho más compleja de lo que se habla en los debates políticos sobre el tema. Efectivamente, había migrantes muy trabajadores y respetuosos, padres de familia que se esforzaban cada día por darles a sus hijos una vida mejor, y que padecían la incertidumbre del no saber qué sería de sus vidas y las de sus familias. Y también había migrantes que habían cometido crímenes atroces de violencia doméstica, que se dedicaban a la venta de drogas como una salida fácil hacia la riqueza, o que fueron arrestados por conducir bajo la influencia del alcohol. Pero lo que pocos entienden es que muchas veces esos “buenos” o “malos” migrantes eran las mismas personas, que mostraban tanto sus cualidades positivas como negativas.

En tanto seres humanos, en cada uno de nosotros existen inclinaciones bondadosas, generosas y serviciales, pero a la vez existen inclinaciones malévolas, avaras y egoístas. En los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola se presenta la meditación de las dos banderas, la de Cristo y la de Lucifer, y se invita al ejercitante a que escoja una de esas banderas. Pero, por más que queramos estar por debajo del estandarte de Cristo, en un lugar humilde, hermoso y gracioso -como nos narra Ignacio-, la de Lucifer siempre nos tentará con sus riquezas, honores y soberbia. Es que este ejercicio espiritual es una profunda reflexión sobre la fragilidad de la condición humana.

Nadie es del todo bueno o del todo malo. Hasta que reconozcamos esta verdad fundamental, difícilmente resolveremos los temas más controvertidos de la actualidad.

Nadie es del todo bueno o del todo malo. Hasta que reconozcamos esta verdad fundamental, difícilmente resolveremos los temas más controvertidos de la actualidad. Si logramos tener la humildad para aceptar este aspecto de la naturaleza humana en nuestro propio ser, entonces se nos abrirá la posibilidad de ver a los involucrados en cualquier situación de la actualidad en su compleja humanidad y no simplemente como “buenos” o “malos”. Nos permitiría dejar la aparente comodidad de “saber” que nosotros tenemos la razón y que el opositor no la tiene. Jesús nos dice que la verdad nos hará libres (Jn. 8,32), pero Su verdad no es tan sencilla como la que muchas veces nosotros -equivocadamente- creemos tener. El primer jesuita que conocí me dijo que la verdad siempre se encuentra en el medio. Para llegar a ese “medio”, es decir, para llegar a la verdad que nos librará de alguna problemática, siempre se requerirá de una respuesta compleja que va más allá de un simple “sí” o “no”.

Es estudiante jesuita que realiza sus estudios de teología en el Jesuit School of Theology de la Universidad de Santa Clara en Berkeley, California, EE.UU. Estudió urbanismo y administración de empresas y trabajó en los sectores privado y no gubernamental antes de ingresar a la Compañía de Jesús. Oriundo de Hawai, le encanta cocinar y la música latina, hawaiana y country.

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