Mascar la hostia

(cc) sthajenka.pl

El recién pasado Septiembre nos invitó a reflexionar en torno a nuestro país: su historia, futuro, personas y desafíos. En este mes nuestras conversaciones suelen girar en torno a lo que nos caracteriza, a aquello en lo que destacamos, y también sobre nuestros defectos y problemas.

Desde hace muchos años nos hemos considerado un país solidario; permanentemente repetimos que, ante las catástrofes y las dificultades, aparece lo mejor de lo nuestro, que el verdadero Chile aflora cuando tenemos que ayudar a otros, desprendernos de lo propio y compartir lo que tenemos.

¿Pero, es así?, ¿es verdad que la solidaridad está en nuestro ADN? Cuando el Padre Hurtado preguntaba si Chile era un país católico, precisamente apuntaba a poner en duda ese tipo de autoafirmaciones. Cuando decía si era católico un país con este nivel de desigualdad, de injusticia, de pobreza y marginalidad, ponía en duda aquello que nos parecía obvio e incuestionable.

Es indudable que, como país, hemos avanzado mucho en ciertos ámbitos. De hecho, nadie puede negar nuestro progreso. Sin embargo, hay grandes problemas que permanecen y otros nuevos que han surgido, y que nos deben interpelar como católicos y ciudadanos. Lamentablemente hay dolores que dejaron de escandalizarnos, desigualdades e injusticias que se han hecho parte del paisaje y que ya no llaman la atención. No podemos descansar si cada noche cientos de miles de personas se acuestan con hambre, asustados y sin saber cómo enfrentarán el día siguiente.

Como ciudadanos y católicos debemos asumir una postura más activa y resuelta. Poner en duda algunas de las afirmaciones que nos permiten dormir tranquilos, y dejarnos interpelar por el Evangelio y por el ejemplo de Alberto Hurtado.

Tal vez la analogía no es muy pura, pero debemos caminar hacia una iglesia que invita a “mascar” la hostia. Ya es parte del pasado vivir en una iglesia que nos enseñó a esperar que la hostia se disuelva en nuestra boca, esperando pasivamente que Dios entre en nosotros; esta práctica es consistente con una espiritualidad que espera tímidamente la acción de Dios, que no sale a buscarla activamente. Esperar que la hostia se disuelva en la boca habla de un católico que deja que las cosas pasen, sin intervenir, sin procurar cambiar el curso de los hechos.

El llamado ahora es a mascar esa hostia, “triturarla” y permitir que Dios entre en nosotros, para hacerse parte de Él. Mascar la hostia es asumir una postura más activa, propositiva y llena de vida.

Mascar la hostia es hacerse cargo de nuestra vida y de la de los otros, es asumir la defensa del argumento incómodo y contracultural, es buscar la permanente conexión entre reflexión y acción, es ser alimento para los otros, es preguntarnos permanentemente ¿qué haría Cristo en nuestro lugar?

* Ricardo es académico de la UAH, miembro de CVX, casado con Sandra Schellman y padre de cuatro hijos. Es director de Invica, Provicoop y del colegio San Luis.

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.