Medios de comunicación: lo que nos “cuentan” de la realidad

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En las últimas décadas los medios de comunicación han ido adquiriendo cada vez mayor importancia al momento de dar cuenta sobre aquello que acontece en nuestras sociedades. Si bien en América Latina los medios digitales han adquirido relevancia, la prensa escrita y televisiva sigue siendo la más influyente. No es extraño entonces que existan quienes quieran manipular lo que allí se dice. Lamentablemente, esto ha ocurrido en nuestro continente; y no sólo en el ámbito público, sino que también en el empresarial.

En los últimos años ha sido notorio el afán de algunos gobiernos por poseer el control de los medios de comunicación masiva. En Venezuela, Hugo Chávez ha cerrado canales de televisión y prohibido la circulación de algunos periódicos. En Argentina, en el último lustro las quejas del diario Clarín hacia el gobierno han sido recurrentes, por presiones de éste para limitarlos en lo que informa (llegando incluso a bloquear la salida de la imprenta de donde salen los periódicos, hecho que obviamente el Gobierno no se adjudicó). Por último, el pasado siete de mayo, se realizó un referéndum en Ecuador, en el que el presidente Correa (cuyo gobierno ya controla 18 medios) preguntaba ambiguamente sobre medidas que buscaban limitar aún más lo que los medios de comunicación pueden informar.

En el ámbito privado, en tanto, hemos apreciado cómo algunos hechos son “escondidos” por los medios de comunicación. Es así como en Chile los periódicos no anuncian la segunda huelga de hambre que viven cuatro comuneros mapuche, y que ya se extiende por más de 70 días. Recordemos que la primera huelga, a la que estaban acogidos más de 30 comuneros, fue informada cuando éstos llevaban más de 35 jornadas en huelga.

Por otro lado, en Perú la prensa se ha visto polarizada por ataques frontales hacia los candidatos, además de parcializar bastante la información entregada. Es así como hace unas semanas comenzó el nuevo programa televisivo de Jaime Bayly (en un canal de propiedad del grupo El Comercio), que estará al aire hasta el balotaje, en el cual el animador se dedica por una hora y media a dirigir un ataque agresivo y persistente contra Ollanta Humala, sin decir nada sobre su contrincante, Keiko Fujimori. Otro caso es el de la productora general y el productor de noticias de otro canal de televisión (Canal N), quienes fueron despedidos debido a que, según fuentes del diario español El Mundo, con su cobertura incurrieron en la “humanización de Humala”.

El anterior actuar público y privado es claro: se está queriendo seleccionar parcialmente lo que se dice, sin brindar información objetiva a la población para que ésta juzgue. Así, los lectores y televidentes reciben una sesgada visión de la realidad, monopolizada sólo por aquéllos que tienen mayor poder político o económico para hacerlo. Es bueno que un medio exprese su postura, pero otra cosa distinta es informar sólo lo que concierne a su pensamiento. Ellos se deben a los ciudadanos, no a salvaguardar sus propios intereses.

¿Por qué no queremos confiar en los ciudadanos? ¿Por qué tememos a que se manifiesten diversas opiniones sobre algún hecho en particular? El crecimiento de un país no se da sólo por el mayor poder adquisitivo, sino también por la confianza en que los mismos ciudadanos tienen la capacidad de reflexionar sobre lo que sucede en su país o el mundo.

Como diría el psicólogo George Mead, la diferencia entre una sociedad primitiva y una civilizada, está en que en la primera ofrece mucho menos espacio a la individualidad y al pensamiento original, único y creativo. No puede haber un buen discernimiento cuando no tenemos toda la información. Si seguimos queriendo mostrar sólo “una parte de la realidad”, no podremos dialogar o tomar conciencia sobre lo que verdaderamente ocurre. Estaremos, como los presos en la caverna de Platón, atados de manos y pies, obligados a ver sólo lo que otros nos quieren mostrar.

Estudiante jesuita, cursa estudios de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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