Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, ¿para qué?

El 3 de enero se cumplieron 24 años desde que se promulgó la ley 19.023, que creó el Servicio Nacional de la Mujer. El SERNAM surgió como respuesta a la lucha de un grupo de mujeres que desde los años 80, buscaban reivindicar el lugar de la mujer en la sociedad, incluyéndolas plenamente,  promoviendo así la igualdad y poniendo fin a las injusticias basadas en el género.

Los gobiernos de la Concertación dieron pequeños pasos en cuanto al posicionamiento del enfoque de género en el desarrollo de las políticas y la gestión pública, y pretendieron asegurarlo a través de la promulgación de leyes. Algunas se adecuaron a los cambios culturales del país, algunas invitaban a la sociedad a avanzar hacia una cultura más equitativa, y otras se acomodaron a los compromisos internacionales en materia de derechos humanos.

Luego de 20 años, con toda libertad podemos cuestionar la profundidad de las medidas implementadas. El esfuerzo realizado fue precario, carente de líneas de acción profundas y concretas, en medio de una cultura machista con hombres y mujeres que no estaban dispuestos a cuestionar su comodidad, entendiendo un país posdictadura donde quizás los ciudadanos estaban obstruidos por identidades de género impuestas y patriarcales.

Con el gobierno de la Alianza la situación empeoró. No hubo comprensión del sentido que tiene la incorporación del enfoque de género en el desarrollo de las políticas públicas del país. Peor aún, la ley que promulgó el Ministerio de Desarrollo Social contempló la coordinación y supervisión de los programas y planes de desempeño que correspondían al SERNAM. De esta forma, el Servicio perdió autonomía, vio simplificado en extremo su quehacer y quedó relegado a una secretaría destinada a brindar servicios a sectores pobres.

Descubrir la necesidad de un Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, implica asumir con vergüenza que en nuestro país imponemos identidades por las características sexuales de sus habitantes, y luego los dividimos, entre las débiles y los fuertes, entre los útiles y las inútiles.

El año 2013, con el cambio de gobierno, se prometió situar “la igualdad entre mujeres y hombres al más alto nivel en la agenda política” y “modificar prácticas y estereotipos de género y que promuevan el respeto por la diversidad sexual”. El 1 de abril de 2014 ingresó a tramitación el proyecto de ley del poder Ejecutivo que propone la creación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género. La propuesta pretende separar la formulación y evaluación de las políticas relativas a la mujer y a la equidad de género de aquellas funciones vinculadas a la ejecución, que seguirán perteneciendo a las labores del SERNAM. Finalmente, el proyecto fue aprobado el 28 de enero pasado, y con ello el gobierno se comprometió a que las mujeres  tengan más autonomía y puedan vivir en libertad en un país que respeta sus derechos. La noticia no causó polémica, al parecer a nadie le importó.

¿Por qué la mujer necesita un ministerio?

Las reacciones frente a la creación del nuevo Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, son diversas, confusas y desinformadas. No entendemos cuál es la necesidad de crear un ministerio que asegure los derechos de la mujer y tampoco entendemos por qué es necesario promover la equidad de género. Es más, desconocemos qué se entiende por género. Estamos rodeados de prejuicios, machismo y conductas patriarcales tan profundamente anquilosadas, que nos llevan a confundir la justicia con la igualdad, el feminismo con el hembrismo y la inclusión con la integración.

Hice una pequeña encuesta entre mis amigos para obtener una muestra de las opiniones que genera la creación de este nuevo ministerio. Obtuve respuestas que dan cuenta de posiciones radicalmente distintas. Las ordené en tres grupos.

  • Hay quienes creen que el nuevo ministerio generará mayor desigualdad. Afirman que no se sienten informados para dar una opinión, pero que tienen la impresión de que victimiza a la mujer, la posiciona como el sexo débil y le otorga privilegios porque no puede sostenerse por sí misma. La creación del nuevo ministerio suena contradictorio, le beneficiará más a ella que a él, generando por tanto más inequidad.
  • Están los que consideran que el nuevo organismo responde a una cuestión circunstancial, una manera de hacer política sin objetivos de fondo y con el riesgo de quedar solo en la teoría.
  • Y otro grupo, en su mayoría mujeres, piensan que el nuevo ministerio responde a una urgente necesidad de visibilizar las desventajas que las mujeres sufrimos cotidianamente en relación a los hombres, y que al final también le afecta a ellos. Consideran una vergüenza que nuestro país tenga que institucionalizar la equidad de género para asegurar el respeto y la dignidad de sus habitantes. Piensan que con un ministerio no se soluciona el machismo arraigado en la cultura. Pero, al menos, la demanda se institucionaliza y se asegura la creación de políticas públicas. Además, se instalan nuevas discusiones que educan y visibilizan la discriminación y el machismo de la que mujeres y hombres, niños, niñas y adolescentes son víctima, sobretodo en sectores económica, social y culturalmente más desfavorecidos.

Transición cultural

El camino hacia la construcción de una sociedad más justa, debe estar íntimamente ligado a la exterminación de sistemas de desigualdad vinculadas al género. Se deben poner de manifiesto las desigualdades y las estructuras de privilegio, tanto en el orden simbólico como material, y debemos transitar, avanzar y orientar la construcción de nuestra sociedad hacia un lugar cada vez más justo y fraterno.

El género es la construcción social de la diferencia sexual anatómica, es decir, es lo que define el comportamiento social de hombres y mujeres: los valores, las relaciones sociales, las diferencias, las desigualdades y las oportunidades que el contexto determina para cada sujeto. El género configura un tipo particular de relaciones de poder que determina las oportunidades de desarrollo, generando discriminación sexual en la división del trabajo, en los procesos de socialización, en la valoración sobre lo femenino y lo masculino, y en la regulación de las relaciones sociales. El género es una categoría política. La equidad de género constituye un objetivo ético y de justicia social que implica acciones para transformar desigualdades. Hablar de género es hablar de derechos humanos.

El Ministerio de la Mujer viene a visibilizar la carencia de equidad de género de nuestra sociedad. Carencia que se ve manifestada en desigualdades promovidas por la Iglesia, la educación, la publicidad, la política, e incluso por nuestras propias relaciones cotidianas, donde tanto hombres como mujeres sufren las consecuencias. Descubrir la necesidad de un Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, implica asumir con vergüenza que en nuestro país imponemos identidades por las características sexuales de sus habitantes, y luego los dividimos, entre las débiles y los fuertes, entre los útiles y las inútiles. Hagámonos cargo de cómo nos relacionamos, de cómo, sin querer, contribuimos a la fragmentación social. Crezcamos en fraternidad y en equidad.

Psicóloga de la Universidad Alberto Hurtado. Trabaja en Hogar de Cristo. Vicepresidenta Apostólica de CVX Jovenes Santiago.

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