No es maldad… es sordera

(cc) violetaparra.cl

El lunes que pasó fui a ver la película ‘Violeta se fue a los cielos’ sobre la legendaria cantora y folclorista chilena Violeta Parra. Se las recomiendo (discúlpenme los lectores extranjeros del sitio, me parece que de momento se está presentando solo en cines chilenos… ¡ya aparecerá en Cuevana!). Entre varias, hay dos escenas que me llamaron la atención, porque dialogan entre sí: en una, situada en Francia, Violeta está en un bar interpretando un baile, al son de un kultrún -instrumento mapuche-, y la respetable audiencia se pone a hacer alboroto con un gallo. Ella detiene su baile y los putea de lo lindo, en buen chilenofrancés: que si no la quieren escuchar que se vayan, pero que si van a estar ahí tienen que estar en silencio, atentos. El público se tranquiliza, y escucha.

La otra escena es, por contraste, similar. En el Teatro Municipal de Santiago -me parece-, presentan a Violeta, que se pone a cantar “Volver a los 17”. La concurrencia parece más preocupada del cóctel, del brindis y de la etiqueta. Violeta sigue cantando, pero no les dice nada. Al terminar el canto el animador se excusa ante la folclorista, diciendo que se acabó el tiempo, que disculpe, que un canto no más, que estuvo bien, que muchas gracias, e invita a todos a pasar a otro sitio a comer. A Violeta le pregunta si quiere comer algo, a lo que ella dice que sí, y el animador de la velada le responde: – vaya a la cocina, ahí puede comer lo que quiera. Violeta revienta… se va furiosa, abriéndose espacio entre la “exclusiva” asistencia vociferando… sordos, sordos, sordos…

Sordera.

Escuché el otro día al dirigente estudiantil Giorgio Jackson decir: -Hay medidas bastante sencillas que el Gobierno pudiese implementar, y creemos que si el Gobierno de Sebastián Piñera no quiere ceder en esas cosas tan básicas, pasará a la historia como el Mandatario que no quiso escuchar lo que su país está demandando.

En ese mismo instante vinieron a mi memoria unas décimas de la Violeta, que luego se hicieron música en el Canto para una Semilla, de Luis Advis. El amor, se llama. Se las dejo de regalo, con unas brevísimas reflexiones al final: http://www.youtube.com/watch?v=o0gnrElcCaY

La vida me da recelo
me espanta la indiferencia
la mano de la inclemencia
me ha echado este nudo ciego.
La fuerza me ha consumido
y me ha atormentado el alma
pa’ mí lo que llaman calma
es vocablo sin sentido.
Pa’ mí lo que llaman calma
es vocablo sin sentido.

El sol reseca el barbecho
lo deja como la espina
me clava con negra inquina
si piso este duro lecho.
Camino por un momento
las calles a la sin rumbo
veo que estoy en el mundo
sin más que el alma en el cuerpo
veo que estoy en el mundo
sin más que el alma en el cuerpo.

Miserias y alevosías
anudan mis pensamientos
entre las aguas y el viento
me pierdo en la lejanía.
No lloro yo por llorar
sino por hallar sosiego.
Mi llorar es como un ruego
que nadie quiere escuchar.
Mi llorar es como un ruego
que nadie quiere escuchar.

El clamor, llorar, marchar, de los estudiantes chilenos pide atención urgente, no basta con medidas cosméticas. A la vez, supone de todos los actores voluntad de escuchar, más allá de las propias conveniencias, pareceres o intereses, por muy legítimos que éstos sean.

Jesuita chileno, Ingeniero Civil y Licenciado en Teología UC. Actualmente cursa un Magíster en Teología en la Universidad Gregoriana de Roma.

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