Nuestra bandera, nuestra generación. Una mirada desde Laudato Si’

Creo que es fundamental tener claridad respecto al tiempo que vivimos. A partir de ahí, resulta necesario preguntarnos: ¿qué ha sido importante en este año 2015? ¿Qué mensajes nos entregan los líderes mundiales? Barack Obama, presidente de Estados Unidos, mencionó: “somos la primera generación en sufrir los efectos del cambio climático, y quizás la última que puede hacer algo al respecto”. Por su parte, el Papa Francisco hace un llamado en su encíclica Laudato Si’, no solo a los cristianos, sino a todos los hombres de buena voluntad, a abrazar lo que denomina el “Ecologismo integral”.

Francisco, como buen amante del fútbol, deja la pelota en la cancha y nos interpela de forma brillante: ¿qué es lo que haremos como cristianos? ¿Cuál será nuestro legado a las futuras generaciones? Y, más conmovedor aún, cuestiona: ¿qué mundo dejaremos a nuestros hijos, nietos y a la humanidad en general? Debemos abrazar a Dios con tranquilidad, así como abrazar su manifestación aquí en la tierra. Resulta fundamental tomar la bandera de la ecología en esta hora decisiva para el planeta desde lo ético, lo teológico y lo humano.

Francisco, como buen amante del fútbol, deja la pelota en la cancha y nos interpela de forma brillante: ¿qué es lo que haremos como cristianos? ¿Cuál será nuestro legado a las futuras generaciones? Y, más conmovedor aún, cuestiona: ¿qué mundo dejaremos a nuestros hijos, nietos y a la humanidad en general? Debemos abrazar a Dios con tranquilidad, así como abrazar su manifestación aquí en la tierra. Resulta fundamental tomar la bandera de la ecología en esta hora decisiva para el planeta desde lo ético, lo teológico y lo humano.

Actualmente, la Tierra alberga a más de 7 mil millones de habitantes, una suma nada despreciable si tenemos en cuenta que pasamos de los casi 1.000 millones en el año 1800 a más de 6.000 millones en el año 2000. Y el 30 de octubre de 2011 alcanzamos los 7.000 millones de habitantes. Esta proeza de la humanidad no se puede analizar de forma aislada, sino mirando la realidad de nuestro planeta. Así, por ejemplo, el pasado 13 de agosto acabamos todos los recursos renovables que produce el mundo en un año, ¡140 días antes de terminar el mismo! A este ritmo consumimos 1.6 tierras al año [1]. Esto es algo insostenible y que lleva nuevamente a cuestionarnos: ¿qué haremos al respecto? Quedarnos de brazos cruzados no es una opción, la Tierra es el único lugar con que contamos; y aunque no fuera el único, ¡tenemos que cuidarlo!

Existen dos temas trascendentales en relación a nuestra responsabilidad frente a nuestro mundo: primero, el amor por la naturaleza y la creación. Segundo, la relación que existe entre el cuidado del medio ambiente y la superación de la pobreza. “Nuestra tierra gime a gritos”, decía Francisco, y los más perjudicados son los sectores de escasos recursos. La degradación de nuestro ambiente reduce las posibilidades de subsistencia de las comunidades y de los individuos. “El gemido de la hermana tierra, se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo”.

Ejemplos que reafirman lo anterior son las más de 3 mil millones de personas que dependen de la biodiversidad marina y del litoral para subsistir, y otras mil 600 millones que dependen de los bosques.

Seamos valientes. Busquemos, dentro de las realidades que compartimos e influenciamos, mejores medios de producción, un uso adecuado de la energía y de los recursos. Somos privilegiados, vivimos una época marcada por la revolución de las energías limpias y enfrentamos el desafío de conservar nuestro medio ambiente y su biodiversidad, ante la extinción masiva de especies. Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUM), la variedad y abundancia de especies se ha reducido en un 40%, entre los años 1970 y 2000. Este hecho se convierte para nuestra humanidad en una oportunidad de alcanzar un nuevo nivel de solidaridad entre nosotros y el entorno.

Francisco pone sus esperanzas en la Encíclica afirmando: “Espero nos ayude a reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta”. Además, nos llama a “no sólo intentar recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que al mismo tiempo el deber de proteger, al hombre, contra la destrucción de sí mismo”.

Generalmente, la oposición al cuidado del medio ambiente surge desde un punto de vista económico; cuestión sobre la cual me gustaría detenerme. Las actividades primarias dependen en su totalidad de un uso racional y sostenible de los elementos que componen el medio ambiente; a su vez, las actividades secundarias dependen de las primarias, y gran parte de las terciaras se encuentran estrechamente relacionadas con estas dos últimas. Los pescadores dependen directamente del mar, y en Chile cerca del 11% de la población encuentra su ocupación en la pesca, tanto artesanal como industrial. El sector agrícola chileno dispone del 12% de la fuerza de trabajo, proporcionando alrededor de 700 mil empleos permanentes. El sector forestal, por su parte, aporta cerca de 300 mil empleos, es decir, cerca del 5% del total del país. No hay duda que un uso racional y consciente de nuestros recursos afecta e influye nuestras posibilidades actuales, y lo que hagamos hoy será determinante para las futuras generaciones.

¿Cuáles son las nuevas propuestas en esta materia y qué podemos hacer al respecto? Bastante material podemos encontrar en las investigaciones sobre Economía Ecológica, Economía Verde y Economía Ambiental. Varios de los conceptos acuñados por los investigadores son desarrollados a través de la Economía Circular, aquella intersección de los aspectos ambientales y económicos. Esta economía propone que el sistema económico lineal (extracción, fabricación, utilización y eliminación) habría alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. La Economía Circular propone, en cambio, un nuevo modelo de sociedad, que sepa utilizar y optimizar los stocks, los flujos de materiales, energía y residuos. Su objetivo es lograr la eficiencia en el uso de los recursos.

La Economía Circular genera empleos. El sector de la gestión de los residuos produce miles de puestos de trabajo. Por ejemplo, una Europa que exportaba su basura a África ahora la importa de varias naciones, creando empleos y bienes.

El desarrollo de la Economía Circular ayudaría a disminuir el uso de los recursos, la producción de residuos y a limitar el uso de energía. También, debiera participar en la reorientación productiva de los países, permitiendo así una ventaja competitiva en el contexto de la globalización. Esto es pensar con genialidad, utilizando la inteligencia humana y los dones al servicio de nuestro planeta y de nuestros hermanos más pobres.

Debemos buscar iniciativas como ésta que aporten posibilidades de empleo, disminuyan la contaminación y mejoren la calidad de vida de la humanidad en su totalidad. Tenemos que construir un modelo empujado por la solidaridad y el gozo de ser más grandes, más solidarios, más creativos, y verdaderamente más comprometidos con nuestros hermanos y nuestro planeta.

Otras generaciones empeñaron su vida en la búsqueda de nuevos horizontes, nuevos continentes, en conquistas de derechos y que hoy gozamos. Hoy es nuestro tiempo, el de abrazar cada uno de los desafíos que nos tocó vivir como generación, y luchar por expandir la mente y el ingenio humano en pos del alivio de los que más sufren y el cuidado de la madre tierra, a la que tan brillantemente, el Papa Francisco llamó nuestra “casa común”.

[1] Cada año la Red Global de la Huella Ecológica (Global Footprint Network, o GFN) estima el “Día del Exceso de la Tierra”, fecha en que la capacidad biológica de los ecosistemas para regenerar recursos en forma renovable y absorber los diferentes desechos generados por el hombre, ya no es suficiente para sostener las demandas de la población mundial en un año.

Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile. Trabaja en la Fundación Konrad Adenauer y en el Grupo de ERNC( Energías Renovables) del Centro Democracia y Comunidad.

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