Papa Francisco: cuando la espera se convierte en esperanza

Marzo_15_CVinales_destacadaQuisiera partir siendo honesto. Es muy poco lo que sabía de Jorge Mario Bergoglio al momento en que fue electo Papa. Por esa misma razón mi primera impresión fue más bien de desazón: se me vino a la mente su avanzada edad -76 años-. Sinceramente yo esperaba alguien más joven, con la fuerza y  vitalidad de la que carecía el emérito Benedicto XVI. Por otra parte, recordé que existen acusaciones vigentes en su contra por el rol que desempeñó en la dictadura argentina, y, además, sabía que dentro de la Iglesia es más bien considerado como un hombre conservador. Así lo confirman sus recientes diferencias con Cristina Fernández a partir de la aprobación del matrimonio homosexual en Argentina. Frente a este panorama sólo me quedaba esperar.

Rápidamente esta impresión se vio eclipsada por la reacción de muchos, en especial jóvenes, personas últimamente alejadas y decepcionadas de la iglesia jerárquica, e incluso no creyentes, quienes me manifestaron su alegría y esperanza por la elección del cardenal Bergoglio, latinoamericano y jesuita. La elección los hacía sentir más cercanos a una Iglesia que hasta ahora se les había hecho cada vez más distante.

Al pasar los minutos mi estado anímico comenzó a cambiar. Empecé a llenarme de la alegría y esperanza que la gente me transmitía. Me di cuenta de que Francisco significaba mucho más que “otro papa”: se constituía en una nueva oportunidad para toda la Iglesia.

Creo que es el momento de enfrentar y transparentar las acusaciones de poder y abusos sexuales, de tomar decisiones importantes para que estas intolerables situaciones no ocurran más, pedir perdón las veces que sea necesario y agotar los medios para reparar los daños ya causados.

Tengo la esperanza de que el Papa jesuita tendrá el coraje y la sabiduría para abordar esto con la fuerza y libertad que se requiere -y siempre desde el interior de la Iglesia-, pensando primero en las víctimas y con el horizonte puesto en hacerlo todo “A la Mayor Gloria de Dios”.

Es también la oportunidad de abordar los temas más propios del pueblo de Dios, las necesidades reales de la gente sencilla: pobres, migrantes, indígenas… aquéllos sin voz, excluidos de nuestra sociedad, y que son devorados día a día por los “poderosos” que dominan un sistema injusto. Tengo la esperanza de que el Papa latinoamericano, hijo de un ferroviario y de una dueña de casa, que siendo obispo de Buenos Aires se movilizó a pie y en el transporte público, se identificó con los más pobres y alzó la voz por ellos, sea ahora capaz de denunciar con más fuerza las aflicciones de su pueblo.

Por otra parte, es la oportunidad privilegiada para reformar la Iglesia jerárquica, de acercarla a la gente, de crecer en humildad y austeridad, y de renovar las estructuras dando a los fieles mayores oportunidades de hacerse cargo de su propia Iglesia. Tengo la esperanza de que el Papa que eligió llevar por nombre Francisco, inspirándose en el Santo pobre de Asís, y a quien Dios dio por misión reformar su Iglesia, será un hombre que gobernará haciéndose el último y el más humilde de los servidores.

Por último, y parafraseando a mi Provincial, me siento profundamente llamado a transformar la espera en esperanza, haciéndome parte da la alegría de muchos que ven en Francisco al hombre que hará la diferencia, al pastor que Dios quiere para su pueblo.

Jesuita. Estudia Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile y colabora pastoralmente en el Hogar de Cristo.

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