“Para qué estudio si no hay trabajo”: México y sus heridas

México pasó de 52.8 millones de personas pobres a 53.3 millones en el periodo de 2010 a 2012, de acuerdo a datos del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Y los clásicos discursos gubernamentales comenzaron a escucharse: “Necesitamos mayor inversión en educación, salud, vivienda y seguridad social”; “es necesario reducir la informalidad y aumentar la productividad”, y así un largo etcétera. El mexicano en general ya no cree en la palabrería. Gobiernos van, gobiernos vienen. El mismo mensaje se recicla cada seis años. ¿Qué nos queda por hacer a las y los mexicanos? La pregunta asalta la razón, y la insatisfacción de nuestros trabajos cotidianos aumenta.

CC: Diariosdelanacion.mx

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Los discursos pesimistas nos comienzan acechar con frases como “no estamos haciendo lo suficiente” o “esto nunca va cambiar”. Pero surgen también las voces estudiantiles que quieren revertir este pensamiento derrotista y se lanzan a proponer que se vuelvan a escribir “Los sentimientos de la Nación”, como se redactaron hace 200 años. ¿Qué país queremos los mexicanos? Que el fuego en la palabra empiece hacer de las suyas y comience a surgir la claridad de visión, nos sugiere el movimiento estudiantil “Somos más de 131”.

Los estudiantes en México tenemos propuestas a pesar de que el futuro se perfila borroso y complicado. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al mes de mayo de este año, “el 70.8 por ciento de la desocupación está constituida por personas con estudios de bachillerato y nivel superior” y las ideas tóxicas comienzan nuevamente a gritar: “¡Para qué estudio si no hay trabajo!”. Y para rematar, los datos oficiales nos siguen golpeando el pensamiento. Por ejemplo, la Secretaria de Educación Pública (SEP) reconoció que diariamente en México 1.800 alumnos y alumnas de entre 15 y 18 años abandonan el bachillerato en el país. Y el grito se vuelve cada vez más grande “¿estudios para qué?”. Las voces de ese lado oscuro de la realidad, que no nos gusta enfrentar con determinación, se siguen sumando. La OCDE en su estudio Panorama de la educación 2013 sugiere que en México hay una fórmula laboral que contradice al discurso oficial de que la educación salvará al país, pues según este organismo internacional entre más estudios tengas en México, menos posibilidades tienes de encontrar trabajo.

¿Qué sugerimos para revertir estas tendencias? No basta con dar becas para estudiar, como tampoco es suficiente aumentar el número de escuelas y universidades. No estoy diciendo que no son necesarias estas acciones, lo que estoy diciendo es que hace falta abonar mucho más al asunto. Según el estudio citado de la Coneval, los estados con mayor nivel de pobreza en el país son Chiapas (74%), Guerrero (69%), Puebla (64%) y Oaxaca (61%). Si nos detenemos un poco, precisamente en esos estados el modelo económico extractivista está a la orden del día. Las organizaciones sociales de esas regiones principalmente, están denunciando el robo constante de su riqueza por parte de empresas extranjeras bajo el amparo del gobierno mexicano; oro, plata, gas, agua, madera, aire, petróleo, conocimientos ancestrales y muchos más recursos, son saqueados del país como en tiempo del colonialismo europeo del siglo XIX, pero ahora con mucho más descaro y más codicia.

Entonces, ¿estudiar para qué? En mi opinión, necesitamos estudiantes desinstalados de esta realidad, formados en la creatividad y bajo programas encaminados a resolver las problemáticas locales, regionales y nacionales, además, es indispensable contar con suficiente financiamiento para emprender proyectos que reviertan esta realidad. Tal vez la deserción escolar se explica, entre otros factores, porque los jóvenes no le ven sentido “prepararse” para buscar trabajo, pues saben que no hay; es necesario formar para mejorar el trabajo que ya tienes o tienen tus familiares, tus amigos o tus conocidos, o en el mejor de los casos para emprender uno nuevo. Es indispensable que la riqueza del país se quede en México y no se vaya a otros países. Para eso requerimos de políticos que surjan desde las regiones donde las heridas de México respiran y que hayan dado muestra de compromiso social en sus lugares de origen, ya no más políticos al vapor. Los estados con mayor pobreza en el país están defendiendo sus territorios contra el saqueo internacional, y justo en ellos se concentra el mayor número de indígenas en el país; no es casual que la conciencia de lo mexicano tenga ahí sus raíces. Los sistemas de organización política y social de las comunidades indígenas nos pueden iluminar para revertir muchos de los problemas actuales. Su visión de la vida nos puede llevar a una sociedad más austera y más armónica. Capaz que de pronto nos damos cuenta que no somos un país tan pobre como dicen, sino un país muy rico.

Trabajo hay en México, y mucho, pero necesitamos más espacios de paz y sin corrupción. Nos urge reactivar los lazos de comunidad y de mexicanidad. ¿Quién se apunta?.

Mexicano. Abogado. Estudiante jesuita en la etapa de Teología.

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