Pisar banderas, pisar teclados

Ha habido un repudio generalizado a lo que hizo Javier Soto, pastor evangélico que puso sus pies sobre lo que pretendía ser la bandera gay (en realidad era la bandera del Tawantinsuyo, el Imperio Inca). Soto fue irrespetuoso y agresivo. Su comportamiento es reprochable desde todo punto de vista y esperamos que ni él ni nadie vuelva a hacer algo así. Con lo que hizo, más que “al pastor que cuida a sus ovejas”, se parece al lobo que las asusta. Sin embargo, creo que quedarse solamente en el rechazo rotundo a su forma de actuar no debe dejarnos tranquilos… hay que pensar cómo actuamos nosotros frente a algo así. Tres puntos para reflexionar.

Era grande el riesgo, pero si terminamos invitando a los que piensan como yo, a la TV, a mi casa, a comerse un completo, a lo que sea, ¿qué sacamos? “Pues yo les digo: Amen a sus enemigos… porque si aman a los que los aman, ¿qué sentido tiene?” (Mt 5, 44-46).

Lo primero, es constatar una cantidad enorme de insultos al pastor en las redes sociales por su actuar. Insultos que, en lugar de pisar una bandera, resultan de “pisar” un teclado. Soto dijo que esa bandera era un “trapo de inmundicia”. ¿No son nuestras agresiones sin filtro eso también? A choro, choro y medio, decimos en Chile. En lugar de eliminar de raíz una descalificación hacia las personas homosexuales, buscamos tapar con garabatos a la persona que las realiza. Claramente no es un camino que ayuda, sino todo lo contrario: distancia las posturas y ambas se muestran cerradas al diálogo.

El desafío para Chile es poder dejar las teclas y agresiones, para comenzar a hablar y sentarnos con aquellos que piensan distinto. Dialogar no buscando la uniformidad, sino el respeto en medio de la pluralidad. En temáticas sobre sexualidad, religión, política, educación y tantas otras. El Interruptor, programa al cual fue invitado Soto, buscó dialogar (personalmente tiendo a pensar que no buscaron el rating, como también se ha escuchado). Era grande el riesgo, pero si terminamos invitando a los que piensan como yo, a la TV, a mi casa, a comerse un completo, a lo que sea, ¿qué sacamos? “Pues yo les digo: Amen a sus enemigos… porque si aman a los que los aman, ¿qué sentido tiene?” (Mt 5, 44-46). El desafío está en poder estar juntos, amar a los que no son como yo; no en que todos pensemos iguales o en imponer mi postura.

En segundo lugar, no me deja tranquilo el repudio de las redes sociales. Las redes utilizan algoritmos que hacen que nos “aparezcan” en la pantalla las personas con las que coincidimos en gustos. Así, es bien fácil ver que “todos están en desacuerdo… así como yo”. Creo que hay pocas personas que pisarían una bandera gay, pero, sí hay varias que creen en terapias reparativas, que piensan que la homosexualidad es una enfermedad o que se escoge ser LGBTI. ¿Cómo conversar con personas que están bajo este paradigma? A la post verdad se suma la post censura. Nadie va a alabar lo hecho por Soto en las redes sociales, pero ¿qué pasa en nuestro interior con lo que puede o no puede hacer alguien LGBTI?

Por último, me pregunto qué va a ocurrir en lo cotidiano. Esto no puede ser solo el trending topic de un par de días. Las redes sociales representan sólo a un sector de la población. En medio de una reforma educacional, elecciones presidenciales y legislativas, ¿cómo buscan abordar este tema quienes legislan? ¿Cómo poder insertar en los currículos educativos la enseñanza sobre sexualidad y afectividad? Sin duda, se han dado pasos, pero sabemos que las leyes no bastan. Luego de la Ley Zamudio ha seguido habiendo asesinatos a personas homosexuales. Pero no es sólo tarea de los políticos, ¡es de los ciudadanos también! Conversemos en la mesa, tratemos de escuchar opiniones diversas, tengamos de fondo el criterio que ayude a la reconciliación, a la acogida a quienes se sientan excluidos. ¡Eso es política!

Termino con las palabras de Jesús: “En esto se reconocerán mis discípulos, si se tienen amor unos a los otros” (Jn 13,35). No es que debamos presentarnos en primer lugar como hetero u homosexuales. Para Jesús, lo que nos define seguidores de Él, es el amor con que nos tratamos. Así, no será solo tarea del pastor Soto, sino que de todos y todas, poder pensar los modos de acercarnos; no para pensar igual, sino para amarnos.

Estudiante jesuita, cursa estudios de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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