Políticamente incorrecto

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Hace un par de meses, los actores del conocido programa de stand up comedy El Club de la Comedia, sacaron ronchas en numerosos sectores de la población chilena tras la caricatura que hicieron de Jesús, sus discípulos y diversos pasajes del Evangelio. Incluso el Consejo Nacional de Televisión, que vela por el “correcto funcionamiento” de nuestro sistema televisivo, reaccionó, levantándose una gran polvareda por el supuesto daño que se provocaba a miles de compatriotas que se declaraban católicos y por tanto fieles seguidores de Cristo.

Jesús, al ver dichos sketchs, más que enojarse, quizás se habría reído a carcajadas junto con esos comediantes. O le hubiesen sido indiferentes. Porque estos tipos, que disfrutan siendo políticamente incorrectos, en alguna medida se mueven en su mismo lenguaje.

Él, que fue tratado de loco, bebedor y glotón; que se juntaba con prostitutas, comía con explotadores y sanaba a extranjeros; Él, Jesús, no sabía hacer otra cosa que ser políticamente incorrecto.

Claro que no se reiría a costa de los demás, pero sin duda que no habría hecho tanta batahola.

En vez de alegar por el supuesto daño a su imagen, habría gritado con vehemencia para defender los rostros de los miles de pobladores santos que viven en La Legua o en la San Gregorio, y que sufren a diario la estigmatización televisiva. Gente de la que se “ríen” todos los días en los noticiarios, revistiéndolos con los ropajes del miedo y la amenaza a la sociedad.

Habría dicho que nuestra fe resulta más profundamente herida cuando salimos de la ciudad y no vemos los miles de hermanos nuestros que todavía no tienen una casa donde vivir. El Consejo debería sancionar a los noticiarios cuando el próximo invierno transmitan una vez más el frío congelante que padecen miles de niños que duermen bajo un horadado pizarreño, en épocas de superabundancia de calefacción central.

Habría dudado del profesionalismo de decenas de editores que por semanas creyeron que era más relevante al hablar de nuestro Bicentenario referirse a los precios de los anticuchos, empanadas y choripanes y no a denunciar cómo 34 compatriotas, los habitantes originarios de esta tierra, morían cada día en una huelga de hambre peleando por una justicia verdaderamente justa.

Nuestro Dios es políticamente incorrecto. Sacude, dice lo que piensa, y está dispuesto a ser tildado de lo que sea con tal de poner los ojos de una sociedad ciega, en aquéllos que más sufren y que no padecen en silencio -como románticamente nos gusta pensar-, sino que lo hacen a gritos desaforados, dolientes y sangrantes; pero gritos acallados bruscamente por un Chile que se soba el lomo a sí mismo y que se cree solidario a punta de teletones y cápsulas de rescate.

Porque Jesús nos miraría con su sencillo rostro y nos diría que no fuésemos tontos graves; que está acostumbrado a que se rían de Él. Que eso no es bueno, sino que  todo lo contrario. Pero que quizás es un costo marginal. Nos diría que lo políticamente incorrecto no lo asusta, sino que lo motiva a seguir siéndolo, con tal de que hablemos de las verdaderas víctimas; no las que hay detrás de esta falta al “correcto funcionamiento” televisivo de estos comediantes, sino que de las miles de víctimas que sufren con las eternas faltas al “correcto funcionamiento” de nuestro sociedad. Eso sí que merece nuestro espanto.

Periodista y Licenciado en Información Social UC. Estudiante jesuita cursando estudios de Teología en la P. Universidad Católica de Chile. Director y Co-Fundador de Territorio Abierto. Actualmente se desempeña en el Área de Comunicaciones de la Compañía de Jesús.

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