Políticos sin sueldo: la “aristocracia” de un pueblo mexicano

paisaje

Jaltepec de Candayoc, San Juan Cotzocón Mixe

Empezamos el  año con un nuevo equipo de servidores públicos en la comunidad de Jaltepec de Candayoc, territorio que forma parte del municipio de San Juan Cotzocón Mixe, en el sur de México, lo que se conoce como el estado de Oaxaca. Los lectores podrán preguntarse cuál es la novedad, si en todos lados hay personas dedicadas al servicio público. La particularidad radica en que estos “políticos” mexicanos, no cobran un solo peso de sueldo.

Diría que no son “políticos” en el sentido coloquial de la palabra, ya que no fueron elegidos para ocupar un puesto en el gobierno local, no hubo un sistema de partidos políticos de por medio, tampoco hicieron campañas ni promovieron su agenda de trabajo, no son candidatos ciudadanos y, lo más interesante, es que ellos ni siquiera se propusieron gobernar, los obligaron a hacerlo.

El carácter de obligatoriedad del servicio público en Jaltepec de Candayoc es la clave para entender cómo funciona la membresía que te permite pertenecer a la sociedad, entre otros deberes. Para comprenderlo es necesario conocer algunas características de su organización social. En primer lugar, la comunidad tiene como base la unión de sus integrantes, pues todos comparten un territorio, de ahí que las palabras “común” y “unidad”, combinadas en una sola,  expliquen con toda claridad el principio fundamental que rige este lugar: si no estamos unidos, nuestra sociedad no avanza y la comunidad pierde su sentido.

Lograr la unidad tiene sus reglas, lo que produce tensiones y bondades. Una tensión es que en este sistema de organización social, la libertad individual es puesta en segundo plano cuando de servicio público se trata; y es guiada por la libertad colectiva. La unidad aquí no es una utopía, está regida por lo que los teóricos del derecho han denominado Sistema Normativo Interno, más conocido como usos y costumbres entre la población local. La unidad se logra mediante un virtuoso programa de formación ciudadana.

Ser ciudadano en este territorio conlleva un largo camino de servicio a los demás, que no depende de que quienes viven aquí sean buenas personas por nacimiento, no. Surge gracias a las normas colectivas de carácter obligatorio que ellos mismos han elegido y discutido en asambleas que cuentan con la participación de todos. Si no se cumple o no hacen cumplir las normas las autoridades, la unidad se debilita. El cumplimiento de las reglas internas, es factor indispensable del funcionamiento del sistema comunitario, de lo contrario, la corrupción y la impunidad se hacen presentes.

La comunidad tiene como base la unión de sus integrantes, pues todos comparten un territorio, de ahí que las palabras “común” y “unidad”, combinadas en una sola, expliquen con toda claridad el principio fundamental que rige este lugar: si no estamos unidos, nuestra sociedad no avanza y la comunidad pierde su sentido.

El sujeto que aquí se capacita inicia su agenda de formación social desde muy joven. Comienza una vez que la colectividad elige a un integrante para servir desde lo más elemental, como llevar citatorios, ejercer funciones de policía dentro de ella, o dando de comer a los invitados de un pueblo que visita la comunidad. Si el individuo hizo un buen trabajo, será elegido para puestos de mayor responsabilidad grupal. De esta manera, el modo de evaluar el servicio público, es desde los hechos y desde lo que ha demostrado que puede aportar a la sociedad local. Es así como la ciudadanía va poniendo a prueba a sus nuevos integrantes y va seleccionando a los mejores para gobernar durante periodos cortos, intercalados con tiempo de descanso. Aquí no cualquiera puede acceder al puesto más alto dentro de su jerarquía administrativa, se requiere haber desarrollado una cierta habilidad, mediante el ejercicio de servir y del compromiso tangible, pues haber dado muestra pública de ello, es indispensable.

Si alguna vez leyó el ambicioso programa de formación de los políticos en La República de Platón, al estar aquí, se quedaría usted sopesando la propuesta política del discípulo más destacado de Sócrates: la mejor forma de gobierno es la aristocracia. No la aristocracia de duques, princesas y demás títulos de nobleza medieval, sino la “aristo/cracia” entendida en su significado literal, el gobierno de los mejores, de los excelentes. Desde este contexto y guardando las proporciones con Platón, “lo mejor”, la excelencia política, se define desde la experiencia concreta del servicio público y gratuito, de los que han sido puestos a prueba por obligación para ayudar a la sociedad a vivir unidos. Los mejores no son los que tienen más educación o más dinero, son los que se han destacado en posibilitar la unidad del pueblo.

Mientras que en otros lugares el tema de la construcción de ciudadanía y gobernabilidad es materia de debate y de manuales llenos de teorías, en esta comunidad mexicana es posible organizar la sociedad partiendo de la cultura local y desde sujetos colectivos que se han construido de manera distinta a la matriz cultural europea. La vida se piensa desde la cosmovisión ayuujk en diálogo con las leyes occidentales desde donde este mundo ha sido obligado a legitimarse. Es imperativo revitalizar lo nuestro tomando lo mejor de otros mundos.

Mexicano. Abogado. Estudiante jesuita en la etapa de Teología.

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