Que abunde la indignación, no el miedo

Imagen de Lamonomagazine, del filme "Indignados".

Imagen de Lamonomagazine, del filme “Indignados”, (Tony Gatlif).

Quien ha pasado por sufrimientos y dificultades, a veces sobrevalora las mejoras y, a cambio de una mayor tranquilidad, prefiere la posibilidad de la tranquilidad a generar cambios radicales con efectos profundos a largo plazo. Nuestro país no es la excepción. Tras la dictadura, se eligió el camino de una transición a la democracia privilegiando la seguridad. Esa mal entendida tranquilidad que más tarde continuó modelando el accionar en la esfera pública. Así, Chile se ha contentado con un crecimiento económico que beneficia enormemente a unos pocos y levemente —o nada— a la mayoría, creyendo que los cambios radicales serían perjudiciales para los avances que se han obtenido. Esa preferencia por la seguridad y la comodidad, ha llevado a que hasta el día de hoy se eviten modificaciones de real impacto y con frutos para todos.

Los problemas con el sistema de salud, de pensiones y de educación, existen desde hace muchos años. La desigualdad económica, las malas condiciones laborales y las limitaciones a la sindicación, tampoco son una novedad. Entonces, cuando se dice que hoy los cambios se pueden realizar, argumentando que ahora sí están dadas las condiciones, dan ganas de preguntar: ¿Cuáles son esas condiciones? ¿Qué es lo que cambió en la sociedad chilena en veinte años? Creo que la única gran diferencia es el nivel de indignación de la ciudadanía. Era necesario que el vaso llegara a una gota del rebalse.

Desde la indignación podemos reconocer y sentir el sufrimiento de otros, ese que se hace más visible y nos moviliza a buscar respuestas que acojan todas las necesidades, especialmente de los más vulnerables.

Pareciera ser que como ciudadanos solo hoy podemos mostrar nuestra indignación. No obstante, como sociedad estamos permeados de ese miedo a perder lo ganado. Algo nos hizo olvidar que tenemos ciertos derechos que son irrenunciables. Velar por seguridad y estabilidad, nos costó transformarnos en consumidores de bienes que entienden que el sistema entrega lo que cada persona alcanza a adquirir como resultado de su esfuerzo personal. De este modo, aunque el diagnóstico respecto de los problemas que mencioné parece ser transversal a los distintos sectores políticos y sociales, cada vez que se presenta una oportunidad real de modificar algo tan relevante como el sistema de educación, se comienzan a levantar resistencias. Cuando me preocupo de que las reformas no me hagan perder mi piso de consumidor, por débil que sea, olvido que no es eso lo que somos; porque el rol de consumidores no es aplicable a nuestros derechos más básicos.

Necesitamos más que voluntad política para cambiar lo que no nos gusta y nos indigna de nuestro país. Necesitamos eliminar el miedo a perder lo que tenemos, especialmente a nivel más personal. El miedo paraliza y nos retrae, impide ampliar la mirada para reconocer la necesidad de todos los ciudadanos de nuestro país. Necesitamos recordar que en lugar de consumidores con derecho a reclamo, somos ciudadanos con derechos y deberes.

Lo mejor que podría pasarnos es que, al igual que en otros países, abunde más la indignación que el miedo. Desde la indignación podemos reconocer y sentir el sufrimiento de otros, ese que se hace más visible y nos moviliza a buscar respuestas que acojan todas las necesidades, especialmente de los más vulnerables.

Hace unos días la UDI publicó un vídeo en el que se hace un llamado a la rebelión. Ojalá la invitación hubiese sido a una indignación que nos motivara a luchar por mejorar la calidad de vida y otorgar dignidad a todos, en lugar de llamar a rechazar las reformas que el gobierno intenta llevar a cabo. Más allá de las simpatías políticas y de las legítimas diferencias que siempre traen consigo los cambios profundos, nuestros representantes deberían despertar, desde la indignación ciudadana, un renacer que conduzca a mejoras sustanciales, al cambio de mentalidad que pone en el centro los derechos de todos, pero nunca utilizando el miedo y la mantención del estado actual como bandera de lucha.

Chilena. Cientista Político UDP, Magíster en Pensamiento Contemporáneo y Filosofía Política UDP, Magíster en Teoría Política de la Universidad de Sheffield (Inglaterra) y candidata a Dra. en Filosofía de la Universidad de Glasgow (Escocia).

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