¿Qué Cristo ha resucitado?

Abril_20_AMolinaCristo Pobre, sí, Jesús de Nazaret, aquél que nace en medio de nada, sumido en miseria y que sobrevive hasta hoy, incluso en peores condiciones. Ése Cristo ha resucitado. Sin embargo, hay en Cristo algo mucho más particular: Cristo es combatiente. Un combate incesante frente a la indiferencia y la injusticia. Esto no es subliminal, no está escondido entre las líneas del Evangelio. El rostro combativo y luchador del que resucita hoy es tosco y difícil… es un desafío. Es un rostro que nos cuesta ver, un rostro que no queremos ver; no es el niño que acostumbramos abrazar y mecer. El Cristo que muchos pretenden resucitar, o que inconscientemente resucitamos todos, es Jesús Peter Pan. Pero ése no es Jesús… ése no es el Resucitado.

Ese “Jesús” es aquel niño que no crece, aquél que se queda con su madre bajo la estrella, la foto bonita… la fiesta. No nos gusta ver al luchador, al incansable en la denuncia de la desigualdad humana. Peter Pan perdido en Nunca Jamás, como quien no hace crecer a Jesús en su vida, es, en lenguaje bíblico, una semilla que crece en los pedregales…condenado a una corta vida. Pues es fácil ver al bebé, al regalo, la fragilidad de la miseria y de la pobreza, pero no así a Cristo muerto en la cruz por luchar y acusar las injusticias. ¿Acogemos realmente a ese Cristo? ¿Lo admitimos? ¿Queremos su resurrección? El desafío evangélico debe materializarse en acto, en vida.

La invitación hoy es a dejar a Cristo crecer en nuestras vidas y en el mundo, sacarlo del pesebre, bajarlo de la cruz y del cielo: encarnar la realidad de forma cristiana y activa, alegre y compasiva.

Ser cristianos de Pascua, como ha dicho el Papa en su exhortación, significa eso, salir a defender a los que luchan y sumarse a su deseo de cambio, a su testimonio de vida. No solamente admitir la pobreza, sufrir con ella, llorar frente al sepulcro… sino esperar fuera de él, maravillarse con la Resurrección y salir a encarnarse en Cristo. La materialidad histórica de Jesús es una arma de doble filo, pues admitir y contemplar su existencia real puede ser muchas veces ver simplemente a un “Jesús” Peter Pan, un personaje estático e inmóvil encerrado en versículos y de día domingo. Lo interesante del símbolo cristiano es justamente asumir la tarea de hacer vivir el potente mensaje movilizador de Dios. Tomar al hijo en pañales en un pesebre y abrazarlo como misión, como modelo y como verbo activo, y crecer junto a Él en su obra y su novedad. Dar vida a Cristo significa hoy ser parte del cambio, ser parte de la protesta, estar detrás de Jesús en su entrada al templo, acompañarlo en las barcas, las parábolas, la multiplicación de panes y peces. En breve, repartir su cuerpo.

La invitación hoy es a dejar a Cristo crecer en nuestras vidas y en el mundo, sacarlo del pesebre, bajarlo de la cruz y del cielo: encarnar la realidad de forma cristiana y activa, alegre y compasiva. Pues el Reino se construye de a poco y se construye entre todos. Ése es el proyecto del que resucitó el domingo, el proyecto de miles que levantan sus voces diariamente y de otros tantos que mueren por reivindicarlo en medio de esta realidad alérgica a ver la verdad de la injusticia. No queremos más Peter Pan, no queremos más la prédica del Nunca Jamás, urge el mensaje y palabra activo del mundo nuevo, del mundo posible, del Reino hoy. En este tiempo de Pascua urge comenzar a encarnar a Cristo y repartirlo, repartirnos… a todos los que hoy lo necesitan, a todos lo que hoy lo necesitamos.

Artículos relacionados

Importante: Recuerda que, al comentar una columna, aceptas las reglas y directrices de nuestro blog. Todos los comentarios serán sometidos a moderación por parte del equipo editorial.