Ranking de notas y PSU, alegrarse sin confundirse

 

Enero_2013_CMaderoSJ

(cc) chilecrece

La incorporación del ranking de notas obtenidas en la enseñanza media en la ponderación del puntaje PSU (prueba de selección universitaria)[1] para aquellos estudiantes que tuvieran calificaciones por sobre el promedio de su generación, es una medida que buscaba incorporar equidad al sistema de acceso a la educación superior. En vista de que a las universidades confluyen estudiantes de tres tipos de educación muy distinta (municipales, particulares subvencionados y particulares pagados), se intentaba promover una especie de nivelación, asumiendo que había que valorizar, en términos de puntaje, el lugar del alumno en relación a su promoción. Se valoraría el esfuerzo de los estudiantes en su contexto. Y resultó. En números muy pequeños, pero resultó. Hoy podemos decir que el sistema de acceso a la educación superior goza efectivamente de mayor equidad que en los años anteriores: jóvenes de menor nivel socio-económico mejoran relativamente sus puntajes de la PSU (un 73% de los estudiantes de liceos municipales y 64% de particulares subvencionados se vieron beneficiados en sus puntajes), lo cual les permite mejorar sus preferencias a la hora de postular.

Hay que estar alegres, pues este sencillo hecho puede ser semilla de cambios mucho mayores en la equidad de la educación en Chile. Ahora bien, no debemos confundirnos: hay muchos elementos inequitativos del sistema que no se tocan (dado que la naturaleza de esta política no lo perseguía), muchas dimensiones de la formación de quienes ingresan con menos herramientas que sus pares, que deberán ser abordadas, y muchas preguntas que las comunidades escolares deberán saber reflexionar a partir de este ranking de notas. Algunas breves reflexiones de estas tres consideraciones.

Con respecto a lo que no se mueve en términos de in-equidad del sistema, hay que reparar en que el ranking ataca la inequidad a nivel del ingreso al sistema. Sin embargo, sabemos que el ranking consiste sólo en una parte del sistema. La preparación remota al ingreso (la educación pre-escolar, la primaria y la secundaria), y la mantención y salida del sistema de educación superior son también objeto de in-equidades que es necesario que sean abordadas si queremos de verdad tener un sistema del cual sentirnos orgullosos. Por otra parte, tampoco se agrega calidad al sistema educativo con esta medida. Ni al escolar, ni al superior.

En segundo lugar, aparece un tema muy abordado por instituciones que se han adelantado a esta medida promoviendo la modalidad del Propedéutico[2] para el ingreso a universidades: la asimetría de capital cultural y sobre todo social, entre quienes provienen de la educación pública y parte de la educación particular subvencionada, por una parte, y quienes provienen normalmente de la educación particular pagada, por otra. Una cosa es la nivelación de acceso. Otra muy distinta es adentro, donde dadas estas asimetrías, la desmotivación y la deserción están a la vuelta de la esquina. No se puede apostar a una resiliencia igualmente repartida. Es un tema del cual hacerse cargo. ¿Estarán dispuestas las universidades a invertir considerablemente más (acompañar y gastar más), en alumnos que seguramente serán más difíciles de educar?

Finalmente, en lo que toca a las comunidades escolares, éstas deberán asumir, además, un tema nuevo que este mecanismo incorpora: el nivel de competencia al interior de las instituciones. Fácilmente, estimo, un estudiante puede pasar de una legítima y valorable situación de querer superarse en sus notas, a una situación de competencia entre compañeros. También ocurrirá algo similar a nivel de los profesores de los estudiantes que estarán sobre el promedio de la generación y los que queden bajo él. Se toca aquí un punto capital: el para qué de una institución escolar. Sin duda hay un grado de competencia que es sano en la educación. Pero el límite de esa sanidad puede traspasarse fácilmente. Es importante que las comunidades puedan resolver, con criterios de realidad (legítimas aspiraciones de futuro laboral de los estudiantes), pero también con la visión del sentido de la educación, cómo manejar esta novedosa herramienta del sistema de educación superior.

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[1] Prueba estandarizada de lenguaje, matemática, ciencias e historia rendida al finalizar los doce años de educación primaria y secundaria obligatoria, con el objeto de normar la admisión a la educación superior en Chile.
[2] Sistema de acceso a la universidad mediante la participación de estudiantes de tercero y cuarto medio (de bajo nivel socio-económico) en talleres de distintas asignaturas durante dos años. Es administrado por la universidad interesada. Los alumnos de mejor rendimiento, pueden ingresar a la universidad sin estar sujetos al régimen de la PSU.

Cristóbal es jesuita, sociólogo de la UAH, estudia teología en la P. Universidad Católica de Chile y colabora en Infocap.

Jesuita. Sociólogo y Master en Teología. Hace estudios de doctorado en Educación en la Universidad de California, Berkeley y colabora en la Red de Colegios Cristo Rey en San José, California.

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