Reconstruyendo el “Relato-país”

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“Contrafuegos 1 y 2” fueron de los últimos libros publicados por el sociólogo francés Pierre Bourdieu. El autor, hasta ese entonces consternado por la “invasión neoliberal” en las esferas de la vida pública y privada, quedó gratamente sorprendido por las movilizaciones de trabajadores en Francia en el año 1995 y 1998. Si bien no estamos ni en Francia, ni en aquella década, podríamos decir que nuestro país pasa actualmente por una situación similar: distintos actores de la sociedad han encendido contrafuegos para ofrecer resistencia ante una serie de injusticias y desigualdades que se han perpetuado en el país. Por nombrar algunos: Estudiantes, profesores, apoderados, mapuches, huincas, homosexuales, laicos, hippies, ambientalistas y “ciudadanos comunes y corrientes”. Me parece relevante detenerme en dos casos del último tiempo que reflejan este movimiento: la renuncia de Marcelo Bielsa a la dirección de la selección chilena, y el nuevo movimiento estudiantil.

Marcelo Bielsa, además de dejarnos un legado futbolístico admirable, nos inculcó parte de su filosofía de vida (y política) al manifestar públicamente su repudio a lo sucedido en los altos mandos del fútbol chileno. ¿Cuándo los fanáticos del fútbol chileno habían salido a protestar por un cambio dirigencial? ¿Habrá sido la fidelidad a Bielsa, a Mayne-Nicholls o al éxito? Quizás éstos y otros factores más, pero lo cierto es que el ex entrenador de la selección chilena culpó, más allá de Jadue y Segovia, a los tres grandes del fútbol chileno (Colo-Colo, U. de Chile y U. Católica). Por la prensa, además, se extendieron dichas responsabilidades (sin haber transparentado, hasta ahora, qué fue lo que realmente pasó) hacia personas del actual gobierno: Gabriel Ruiz-Tagle, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera.

Para una hinchada diezmada en los últimos años, no era posible que gracias al descontento de algunos clubes (con más capital económico y político que el resto) la “ilusión” se fuese al tacho de la basura. Y es que ganarle a Argentina (como local), a Paraguay (como visita), y salir segundo en la clasificatoria al Mundial, no la hace cualquiera. Que la gestión de Mayne-Nicholls no fue la mejor, quizás, pero eso es harina de otro costal. El descontento ya estaba instalado, ¡Bielsa y los triunfos tenían que seguir! ¡Pero no!, la clase política y los mismos de siempre cuidaban sus propios intereses.

Bielsa más que ser el “padre” del Bicentenario, o el mejor DT que haya tenido nuestro país en toda su historia, fue EL personaje de la opinión pública que le negó el saludo al Presidente de la República (la “supuesta” máxima excelencia de la Nación) y, a la vez, terminó renunciando a su trabajo (con el cual se mostraba contento y satisfecho) por no compartir las prácticas “habituales” de los “poderosos”.

En cuanto a las movilizaciones estudiantiles, es importante caer en la cuenta que los que hoy salen a la calle son los mismos que hace cinco años paralizaron las aulas del país. El movimiento del 2006 fue sobre todo de los secundarios. Ahora, en el 2011, el cuento viene por parte de los universitarios. Si bien no son los mismos dirigentes de antes, sí es el mismo espíritu el que actúa. ¿Qué espíritu? Son dos. El primero es el “juvenil”, ése que es rebelde y que se manifiesta constantemente insatisfecho con la sociedad establecida, o con las reglas (a veces contradictorias) con las que los padres, los profes y los curas viven. En el actual movimiento hay mucho de eso, pero también está el “otro” espíritu, con el cual la ciudadanía sintoniza más. Este segundo espíritu es una crítica al archimanoseado “modelo neo-liberal”. Parece chiste repetido, pero hay que insistir… ¡es que sale hasta en la sopa!

Aquel modelo que la dictadura cimentó y que la Concertación (por flojera, estabilidad o conveniencia) siguió perpetuando. Aquel modelo en que el saldo positivo en las cifras macro-económicas del país se hace más importante que las desigualdades socio-económicas.

Así las cosas, ante un discurso de país teñido de éxito económico y de que las cosas se estarían haciendo bien, pero con un claro desliz social, se hacen necesarios (y se agradecen) los contrafuegos encendidos por Bielsa y los estudiantes, para denunciar y combatir al neoliberalismo más miserable de nuestro país: aquél que nos tiene con una democracia protegida y clientelar, con un esfera laboral y financiera desregulada, y con los sueños colectivos truncados.

Defenderse en contra del neoliberalismo es ponerle coto a un proyecto del cual nadie se siente portador. Los genuinos articuladores del neoliberalismo chileno desconocen que lo son y amenizan la discusión aludiendo a que hacen política (aunque la nieguen) y que no son ideología. Quizás eso es lo más complicado, porque no se comprometen con un fuego interior que los queme, con un relato, con una convicción.

Está claro que el crecimiento económico debe venir de la mano con la equidad social, pero este “pack” poco puede avanzar si no viene también con un proyecto que remueva al sitial de los sueños y anhelos de un país. ¿Por qué el país marchó bien -en general- con Michelle Bachelet? Porque simbolizaba más que la típica clase política, y se convirtió en un emblema para el Bicentenario, aun cuando la confianza en las instituciones políticas disminuía. El “Relato” actualmente está desgastado. Ya no son los primeros años postdictadura, tampoco la llegada del Bicentenario. El único Relato existente hoy es unívoco, demasiado racional, aún así desmedido y oportunista: 2018 sin pobreza y como país desarrollado.

Queda, entonces, que las nuevas generaciones transformemos los contrafuegos en un proyecto país a largo plazo. No significa derrocar el actual gobierno, menos optar por una personalismo caudillista, ni tampoco que los sub-30 empecemos a gobernar, sino que, básicamente, empecemos a delinear las tentativas para una sociedad que vele por el bien común (entre lo económico y lo social) y comience a dar más pasos democráticos importantes. La canción de Silvio Rodríguez se levanta como consigna para el país del post-Bicentenario: “La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir”.

* Javier estudia sociología en la Universidad Alberto Hurtado y es ex alumno del colegio San Ignacio El Bosque.

Sociólogo de la Universidad Alberto Hurtado. Investigador del Centro Democracia y Comunidad. Estudiante del Magíster en Comunicación Política de la Universidad de Chile.

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