Saltar al abordaje en un nuevo 21 de mayo

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Hace exactamente 134 años, durante el Combate Naval de Iquique, el enfrentamiento entre chilenos y peruanos dejó más de 200 muertos. No supimos dialogar y la guerra derivó en múltiples combates y muertes, que a su vez trajeron rencores entre los ciudadanos de estos dos países hermanos. Ese rencor de antaño hoy se ve fortalecido con hechos como el ocurrido la semana pasada en Arica, donde más de tres mil estudiantes desfilaron recordando a Arturo Prat. Esto refuerza una historia que divide.

Chile y Perú pueden tener diferencias en algunas políticas de Estado, sin embargo, hoy somos capaces de dialogar con altura de miras. Las relaciones desde el 2006 se refieren principalmente al diferendo marítimo en La Haya, pero afortunadamente no hemos caído en la guerra y diversos sectores se esmeran por promover una cultura de paz y reconciliación.

Debemos celebrar que los “proyectiles” de hoy sean el diálogo jurídico y las declaraciones conjuntas: Los presidentes de ambos países señalan que acatarán el fallo; se ha retomado el diálogo del “2+2” -que reúne a los ministros de Relaciones Exteriores y Defensa de ambos países-; instituciones gubernamentales y civiles de Arica y Tacna forman parte del Comité de Integración y Desarrollo Fronterizo; e intelectuales, políticos y empresarios han formulado caminos de paz y bienestar entre las dos naciones.

El año 2012, los ciudadanos que más visitaron Perú fueron los chilenos. Y en Chile, los peruanos. Existe una fuerte relación económica entre ambos países, lo que demuestra confianza y deseos de establecer relaciones de largo plazo. El Hospital de la Solidaridad de Tacna atiende a miles de chilenos mensualmente. Por otra parte, el paso fronterizo de Chacalluta recibe en promedio 13.000 personas al día para ingresar a Chile, la gran mayoría peruanas. Los valles de Lluta y Azapa pueden entregar productos en gran parte por la mano de obra peruana que viene a trabajar. Nos necesitamos.

Pero las relaciones comerciales no bastan. Los encuentros comerciales generan ingresos; los encuentros humanos, justicia. El gran paso es generar una cultura de paz y reconciliación. Hechos como el desfile de alumnos ensalzando la figura de Prat no ayudan. Hace más de un siglo Arturo Prat gritó “al abordaje muchachos”. Saltó por su país, por el honor. Hoy, miles de peruanos saltan al abordaje por su dignidad. La diferencia es que no lo hacen para aniquilar al enemigo, sino que para alimentar y cuidar a sus familias. No olvidemos también al millón de chilenos que saltan al abordaje en otros países en busca de mejores oportunidades. Migrar es inherente al ser humano.

Nos encontramos fácilmente con una cultura que pretende fomentar la rivalidad y discriminación. Sin embargo, debemos profundizar en las confianzas. Para ello no basta lo económico, sino que se debe crecer en lo espiritual, cultural y humano. Muchos saltan al abordaje por una vida mejor, pero hoy, quizás al igual que en el Combate Naval de Iquique, no queremos que otros lleguen a “nuestro” territorio. ¿Quién dijo que este pedazo de tierra era mío? ¿Por qué nos asusta la diversidad? Mirar desde una nueva perspectiva este 21 de mayo nos puede ayudar a promover una cultura de acogida -y no de rechazo-, frente a quienes vienen a colaborar en nuestras tierras de origen.

Estudiante jesuita, cursa estudios de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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