Selección escolar: Lo que la Iglesia no ha respondido

seleccionDesde la campaña presidencial, y particularmente en los meses que han transcurrido tras la elección de Michelle Bachelet como presidenta de Chile, se reanudó el debate en torno a la selección de estudiantes en colegios que reciben aportes públicos. Varios actores dieron a conocer su posición frente a estas reformas. No debiese parecer extraño que la Iglesia Católica, como figura relevante en la educación del país, también expusiera sus reparos y sus acuerdos con las propuestas del gobierno.

Desde hace unos días la ley que prohibirá la selección entró al congreso para ser discutida en ambas cámaras. Si acaso la Iglesia Católica quiere tener algún grado de incidencia sobre ella, debe mejorar la construcción de sus argumentos. Es importante que recurra a su experiencia en el mundo de la educación, recoja datos fidedignos y evite las falacias que abundaron en los últimos meses con respecto a la estatización o la eliminación de la educación religiosa. Es necesario, además, que quienes representan a la Iglesia en esta área sepan hacerse las preguntas adecuadas y responderlas correctamente.

Qué bien nos haría preguntarnos primero qué haría Cristo ante estudiantes que no cuentan con todas las aptitudes que el colegio tradicionalmente esperaría, antes que seleccionar negativamente.

Sin duda que las preguntas sobre la sustentabilidad de una escuela, el clima escolar, el proyecto educativo, o la adecuada preparación de los profesores de cara a una reforma a la selección, son necesarias al momento de construir los argumentos adecuados para defender su posición. Sin embargo, hay una pregunta básica que está faltando y que apunta al sentido de la educación católica y del mismo cristianismo. Alberto Hurtado la parafraseó de este modo: “¿Qué haría Cristo si estuviera en nuestro lugar?”. En efecto, qué bien le haría al debate y a todos quienes creemos en la educación católica, que esta pregunta encabezara toda nuestra argumentación del debate en que estamos, y también en nuestras prácticas. No dudo de que esta reflexión resuene en las conciencias de muchos que tienen responsabilidades en este campo. No obstante, de lo que estoy seguro al ver expuestos los puntos de la Iglesia en el debate público, olvidando las repercusiones sistémicas de las decisiones de algunas de sus escuelas a nivel individual, es que claramente esta pregunta no ha sido prioritaria e, incluso, me atrevería a decir inexistente en algunos círculos.

Qué bien nos haríamos a nosotros mismos como Iglesia y a tantas familias y niños en la educación particular subvencionada, y en el intocable 7% de colegios privados también, si a la hora de tener que llenar los cupos de un colegio nos preguntáramos primero qué haría Cristo en nuestro lugar. Cuestionarnos sobre la situación concreta de las familias, antes que por certificados de bautismo, matrimonio, renta, o, incluso peor, por cartas de recomendación. Qué bien nos haría preguntarnos primero qué haría Cristo ante estudiantes que no cuentan con todas las aptitudes que el colegio tradicionalmente esperaría, antes que seleccionar negativamente.

Qué bien nos haría afrontar el debate actual poniendo a Cristo en el centro. Nos ayudaría a no simplificar ni confundir el problema y a no criticar -a veces tendenciosamente- a un Estado, diciendo que quiere dominarlo todo, o calificando a la selección como positiva, o que lo más importante para el colegio es el compromiso de los padres con el proyecto educativo, o que la eliminación de la selección no soluciona todos los problemas. Si nos preguntáramos primero cuál sería la posición de Cristo en un debate como este, no tengo mayores dudas de que estos y otros puntos caerían por su propio peso. ¿O usted cree efectivamente que Cristo haría lo que estamos haciendo cuando seleccionamos?

Jesuita. Sociólogo y Master en Teología. Hace estudios de doctorado en Educación en la Universidad de California, Berkeley y colabora en la Red de Colegios Cristo Rey en San José, California.

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