SENAME: Ignorancia, irrelevancia, incertidumbre

En mayo de 2018 se pondrá en marcha el proyecto Piloto SENAME que desarrollará el Hogar de Cristo. Más de 20 niños y niñas comenzarán a vivir en las dos nuevas residencias ubicadas en Santiago y Valparaíso, lo que sin lugar a dudas es una gran noticia para el país y, en especial, para quienes serán directamente beneficiados. Entre otras cosas, el proyecto implica residencias más amplias y acogedoras, ubicadas en barrios de clase media, con buena conectividad y mayor seguridad. También, con el fin de cuidar la intimidad de los menores, se permitirá, por ejemplo, que duerman de a dos niños por habitación, a diferencia de la situación actual, en que incluso puede haber decenas de niños compartiendo el mismo espacio. A esto se suma el que habrá un mejor acompañamiento y cuidado en lo que respecta a su salud mental y escolaridad. El proyecto no solo implica una inversión enorme en infraestructura, sino también en los profesionales que acompañarán el proceso. En concreto, el Piloto significa $ 1.980.000 mensuales por niño; dinero que tendrá su origen, en su mayoría, en aportes privados.

Con todo, el Hogar de Cristo tiene claro que la pobreza de estos niños no se soluciona simplemente con una inyección de dinero. La miseria, bajo ningún punto de vista, se limita a lo económico. Ellos no son los “niñitos sin techo” de nuestro país, como quien creyera que haciendo transitar las residencias del estrato E al C2 arreglaría el asunto. En muchas personas y, en particular en estos muchachos, la pobreza material es sólo la parte visible de un nivel mucho más complejo de pobreza, que podríamos entender desde tres realidades: la Ignorancia, la Irrelevancia y la Incertidumbre.

La dimensión de la Ignorancia, por una parte, dice relación con la escolaridad que puedan tener estos niños. Un porcentaje no despreciable de quienes viven bajo el amparo del SENAME ha sido excluido del sistema, y otro aún más importante presenta retraso en la escolaridad. Sin embargo, la expresión más aguda de la ignorancia es otra. Corresponde a una dimensión que impide cualquier otro tipo de conocimiento: la inconsciencia. La gran mayoría de quienes viven en las residencias del SENAME han sido vulnerados en sus derechos y violentados sicológica, física y/o sexualmente desde muy pequeños, lo que produce que ciertos modos insanos de relación puedan ser normalizados. Por tal razón, es muy probable que quien ha sido criado sus primeros años en un contexto extremadamente viciado, inconscientemente se relacione con la violencia, en cualquiera de sus dimensiones, de un modo por lo menos más cotidiano que los demás. En este sentido Branislav Merelic, exdirector del INDH, en el marco de la presentación del estudio[1] sobre la realidad del SENAME, sostuvo: “Al entrevistar y conversar con niños en un espacio cuidado con confidencialidad y también con el apoyo de psicólogos expertos en trauma, hemos identificado casos de maltrato, de maltrato no solo entre funcionarios y niños, sino también entre niños. Hemos también conocido casos que revisten la calidad de abuso sexual entre niños, casos de maltrato psicológico y también casos de negligencia o descuido, como no tener su atención médica o escolaridad al día”. Estos casos, se identifican, en contexto de intimidad y conversación, no porque hayan sido denunciados ni reconocidos como tal por los menores.

Lo anterior no es algo que se pueda reparar con facilidad, pues simplemente está grabado en ellos más allá de su conciencia y, por supuesto, de su intención. Los niños se relacionan entre ellos y con la sociedad del mismo modo en que la sociedad que conocen se ha relacionado con ellos, es decir, de un modo enfermo. La vulneración de derechos que viven puede llegar a ser enorme en la medida en que ellos ignoran que están siendo vulnerados, porque el límite que toda relación debe conocer, para estos menores resulta difuso. De este modo, si no hay conciencia del propio ser-vulnerado, no habrá tampoco de derechos, ni deberes, ni mucho menos podrán alzar la voz al respecto.

Una segunda realidad en que es posible reconocer la profunda pobreza del SENAME es la Irrelevancia. Se sabe que en Chile, al momento de conseguir trabajo, pesan mucho más las redes y contactos que cualquier esfuerzo o conocimiento. Por esta razón, entre otras, la movilidad social es bajísima. Este ejemplo es el extremo indeseado de una situación que ocurre a todo nivel y que -podríamos decir- está en la base del ser-social. En una sociedad, todos funcionamos como nudos de una gran red de conectores: Tenemos más cerca a los familiares directos. Siguen los amigos, los amigos de los amigos, hasta el conocido de un amigo… y, así, nos vamos beneficiando entre todos. Esta red a la que hago referencia son los invitados al matrimonio, los que te encuentras en los funerales, el que te ayuda a encontrar pega o el que te consigue un remedio. La amplitud y la fortaleza del tejido es equivalente a la amplitud y fortaleza de nuestras oportunidades. En este contexto, cuando más del 60% de los menores institucionalizados viven distancias considerables de sus familiares, y, además, cuando el 50% de las visitas de éstos no son supervisadas ni acompañadas por profesionales[2], resulta sumamente complejo cuidar o reparar las redes previas que pueda tener el menor.

Las propuestas del nuevo gobierno, junto a las medidas que se implementarán en las dos residencias del SENAME, deberán enfrentar, entre otros desafíos, estas tres complejas realidades, que se entienden en cuanto son ausencia o negación de sus opuestos, es decir de: conocimiento, relevancia y certidumbre. La ausencia, solo se resuelve con presencia real, de manera que ni las más cómodas residencias, ni los más modernos servicios, ni los mejores profesionales serán suficientes. No bastará un buen colegio y un abogado para ayudarles a ser conscientes de sí mismos y sus derechos, no será suficiente vivir en un buen barrio para fortalecer sus redes y ni el mejor de los psicólogos será garantía de futuro. El peligro de transformar las residencias en lugares fríos, sobre intervenidos, más parecido a un laboratorio que a un hogar, es real.

Por otra parte, para quienes viven en las residencias, esta red puede estar integrada únicamente por los propios compañeros del hogar, quienes muy probablemente han sido vulnerados, o también puede estar entrelazada con la droga y la delincuencia, siendo siempre el menor el nudo más frágil del tejido. Por esta razón, por ejemplo, hasta que no se reflejó en un gráfico, las más de 800 muertes en el SENAME en los últimos 11 años eran desconocidas, pues no había nadie que se doliera y mucho menos que reclamara. O si por ahí alguien alzó la voz, probablemente era igual de “irrelevante” que el menor. En este contexto: ¿A quién le importa realmente el futuro del menor? ¿Quién le ayudará a encontrar trabajo cuando abandone la residencia? Por cierto, no vivirá allí para siempre: ¿Quién lo motivará a salir adelante, a cuidarse de las drogas y la delincuencia? O, aún más simple, ¿dónde vivirá cuando sea mayor de edad? Es por esto que no ha de sorprendernos cuando las estadísticas muestran que una de cada dos personas privadas de libertad pasó su infancia o adolescencia en algún centro del SENAME y que muchos otros niños cuando adultos terminan en situación de calle o pasan la vida entera institucionalizados. Porque si bien es cierto, ellos no votan ni marchan, quizás pueden llegar a ser importantes para una política pública, pero en el área chica, cuando necesitan a alguien de carne y hueso junto a ellos, muchas veces están solos, pues la fragilidad de sus redes no solo implica una dificultad, sino que puede llegar a ser un factor de riesgo que condicione su tránsito a la vida adulta.

Finalmente, la Incertidumbre en la que viven también es reflejo de su extrema vulnerabilidad. Si hay algo que sabemos de un menor del SENAME es que su estadía en la residencia tiene fecha de vencimiento. Algunos de ellos viven en la espera de volver con sus padres o familiares y otros con la esperanza de ser adoptados. Sin embargo, cuando el tiempo pasa y van creciendo, las posibilidades de que se concrete alguna de estas opciones disminuyen, y la mayoría de edad, que resulta ser un anhelo para muchos jóvenes, para ellos puede transformarse en una verdadera pesadilla. El sistema de residencias que existe hasta ahora, reconociendo todas sus falencias, puede cuidar y mantener al menor para que este sobreviva su infancia, pero no posee las herramientas suficientes para ayudarlo a proyectar una vida adulta e insertarse de sana manera en la sociedad.

Si para todo niño es difícil la pregunta por el futuro, para ellos es un imposible. Y si además sus horizontes han estado limitados desde siempre a la supervivencia, es decir, a estar vivos al día siguiente, pensar a largo plazo es un lujo que no están en condiciones de darse, pues la incertidumbre se experimenta en el día a día. Por supuesto, aquí se derrumba todo incentivo para el estudio y se dificulta cualquier noción de autocuidado que no tenga implicancias inmediatas. Por otra parte, la incertidumbre también se vive respecto del pasado, al estar distante al grupo familiar, al verse la primera infancia marcada por eventos traumáticos, el menor muchas veces no tiene de donde afirmarse respecto a su propia historia y sus raíces, y dado que el amor tiene lugar en el tiempo, les resulta difícil saberse amados y amar. Por lo tanto, la incertidumbre se experimenta de manera radical como incertidumbre respecto a la propia identidad. Respecto a este punto, por ejemplo, el estudio del INDH arroja que el 68.6% de los menores que responden a las preguntas relacionadas con su salud mental presenta síntomas que pueden significar indicios de depresión, muchas de estas preguntas, dicen relación con el sentido de las actividades que desarrollan y el pesimismo u optimismo respecto al devenir.

Este 11 de marzo el Presidente Sebastián Piñera comenzó sus actividades como gobernante visitando un centro de la fundación Padre Semería en la Pintana, donde además de señalar la Infancia vulnerable como una de las prioridades de su gobierno, anunció 10 medidas, que efectivamente pueden resultar un paso adelante en lo que respecta a la administración global del servicio: Dos nuevos modernos servicios, auditorías, modificar la ley de adopción, un sistema de alerta temprana para detectar situaciones de riesgo, el Ministerio de la Familia, entre otros aspectos. Sin embargo, en lo que refiere al trato directo con los menores, las propuestas siguen siendo insuficientes, pues pese a que se proponen mejoramientos en las subvenciones, capacitación de personal y mejoramiento de infraestructura en los hogares, sigue siendo necesario una mirada al itinerario formativo que acompañe a los menores al interior de los Hogares, estableciendo objetivos personales y colectivos, proyectando la vida de los menores fuera de las paredes de las Residencias.

Las propuestas del nuevo gobierno, junto a las medidas que se implementarán en las dos residencias del SENAME, deberán enfrentar, entre otros desafíos, estas tres complejas realidades, que se entienden en cuanto son ausencia o negación de sus opuestos, es decir de: conocimiento, relevancia y certidumbre. La ausencia, solo se resuelve con presencia real, de manera que ni las más cómodas residencias, ni los más modernos servicios, ni los mejores profesionales serán suficientes. No bastará un buen colegio y un abogado para ayudarles a ser conscientes de sí mismos y sus derechos, no será suficiente vivir en un buen barrio para fortalecer sus redes y ni el mejor de los psicólogos será garantía de futuro. El peligro de transformar las residencias en lugares fríos, sobre intervenidos, más parecido a un laboratorio que a un hogar, es real.

Estas tres realidades de pobreza, La Ignorancia, la Irrelevancia y la Incertidumbre, son desafíos ineludibles en la medida en que vulneran profundamente los Derechos Humanos. El desafío real de los nuevos servicios que remplacen al actual SENAME hoy en día, va mucho más allá de bajar la tasa de muertes de menores, pues un Derecho Humano tan básico como el Derecho a la Vida, no es equivalente al Derecho a estar-vivo,  es mucho más profundo, debe implicar necesariamente el cuidado y la reparación de la propia historia del menor y, al mismo tiempo, establecer las condiciones de posibilidad para un proyecto de vida futura, fuera del SENAME. De esta manera, es la vida entera y no la supervivencia lo que debe garantizar el Estado para estos menores. En este contexto, parece ser una buena noticia que el Hogar de Cristo sea quien lleve adelante el Piloto. Si esta gran inversión económica es acompañada de un humanismo radical a ejemplo de San Alberto Hurtado, que signifique un vínculo y compromiso personal con los Derechos esenciales de los menores, podremos conservar esperanzas de futuro para los niños más vulnerables de nuestro país.

[1] Para el estudio el Instituto Nacional de Derechos Humanos entrevistó a 405 menores de 171 centros a lo largo del país.

[2] De acuerdo a datos del INDH.

Jesuita. Estudia Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile y colabora pastoralmente en el Hogar de Cristo.

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