Sínodo: Sexualidad y formas de familia

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El Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia, se desarrolló en Roma entre el 5 y el 19 de octubre de 2014.

No soy teóloga. Sé poco de las políticas vaticanas. Soy laica, y siento que la Iglesia debe evangelizarse, volver a ese mensaje liberador y reconciliador de un Dios de amor que proclamó Jesús. Desde allí, y porque seguí el sínodo con mucho interés, es que me atrevo a comentar algunos puntos que me llamaron la atención al mirar y escuchar el Sínodo extraordinario de los Obispos sobre la familia, que tuvo lugar en octubre pasado en el Vaticano y que concluirá con una segunda reunión de los padres sinodales, obispos y cardenales, en 2015.

En primer lugar, el Sínodo de los Obispos tiene un nuevo método. En la apertura, el Papa Francisco llamó al diálogo y a la discusión entre los obispos. Se publicó una versión preliminar del texto a adoptar y, luego de ser discutido arduamente, se registraron los resultados en la Relatio del sínodo, el documento final. Se trata de un novum en el Vaticano, como aseguran los comentaristas. Este método más abierto estará a prueba hasta que se redacten los documentos finales del sínodo de 2015. ¿Quién les dará la imprenta? ¿El Papa? ¿Tal como hubiera sido la práctica de sus predecesores? ¿O los mismos obispos?

El Papa se la juega y sabrá muy bien que su postura de privilegiar la pastoral de la misericordia por sobre la insistencia a la verdad, encuentra fuertes resistencias, tanto en la prensa desde Roma como aquí en Chile. Al dotar a los Obispos de mayor poder de decisión, el Papa muestra su confianza en que un modo más participativo y más a cargo de las iglesias locales, le hará bien a la Iglesia. Aunque tal vez, en primer momento, se escuchen más poderosamente las voces contrarias a su postura y a una teología de la misericordia. Quizá esta es una de las señales más potentes de la seriedad del Papa en cuanto a bajarle el perfil a su propio cargo.

Es mi esperanza que pueda instalar el tema de la familia sin miedo de hablar de la sexualidad y de otras formas de constituir familia. Ojalá haya alguna nota a pie de página que reconozca que es solo Dios quien posee la Verdad.

Segundo. Hace casi un año Francisco había convocado una consulta de los fieles, la que nos llegó a través de la publicación de obispos ingleses y que fue rápidamente traducida en muchos idiomas. La respondimos a pesar del corto tiempo que quedaba para aquello. Sus insumos habrán llegado a Roma en la medida que los obispos transmitieron lo que los laicos y pastores les hayan enviado. En los informes que algunas conferencias episcopales publicaron, se denota especialmente la distancia de los fieles con la doctrina, en prácticas como los métodos anticonceptivos, sus opiniones sobre el trato que el derecho canónico define para los divorciados vueltos a casar y separados con nuevas relaciones, y para los homosexuales, lesbianas y transexuales. El documento Instrumentum laboris que resumió estos insumos y que es la base del trabajo sinodal, refleja lo anterior.

Tercero. Aunque los laicos invitados a observar el proceso del sínodo —llamados auditores— en vivo y a dar su testimonio allí, sean todos matrimonios regulares según la doctrina católica, dieron testimonio de sus entornos familiares y pastorales en donde esta regularidad no necesariamente se cumple. Son nuevas voces en el proceso sinodal, aunque al parecer aún falte escuchar a alguien que vivió una situación irregular, como las llaman algunos, de primera mano, para apreciar las gracias y los desafíos que de allí surgen. De igual forma, también se extrañó la voz de las congregaciones femeninas.

En cuarto lugar, llama la atención que algunos documentos preparatorios hayan cambiado el lenguaje. En Instrumentum laboris se reconoce que no es adecuado hablar de derecho natural porque la gran mayoría de las personas no entiende el concepto. Se dejó de decir que los homosexuales serían intrínsecamente desordenados. Se habla de situaciones difíciles y no de pecado mortal. Efectivamente, el cambio de lenguaje se confirmó en los documentos del sínodo extraordinario. Tal vez estos son los primeros pasos para reflejar que el Dios cristiano no es un Dios de las leyes. Quizá solamente representa un cambio de tono que no logra el aggiornamento de la pastoral familiar y del mensaje de la Iglesia para la familia moderna y, quién sabe, de la doctrina que más y más parece quedarse inmóvil y distante de la práctica pastoral. Lo veremos al concluir este proceso sinodal el próximo año o incluso después.

Finalmente, hay dos temas que extraño en el proceso sinodal. Si hablamos de familias, ¿por qué no hablamos también de las parejas y los hijos e hijas de muchos sacerdotes? Viven en una situación irregular y, al parecer, no han tenido voz en el sínodo. ¿Será que tan cerca de casa no nos atrevemos a hablar de pastoral familiar? Y, mucho más doloroso, ¿se pronunciará el sínodo con franqueza, humildad, y con el claro compromiso de las iglesias locales a pedir perdón y a reparar, sobre el daño no-dimensionado que la violencia sexual y el abuso de poder por parte de sacerdotes, religiosos y religiosas ha generado en las familias?

Este proceso sinodal no logrará resolver todos los temas. Lo más probable es que tendrá que priorizar, pero ojalá pueda dejar abierta una agenda para el futuro. Es mi esperanza que pueda instalar el tema de la familia sin miedo de hablar de la sexualidad y de otras formas de constituir familia. Ojalá haya alguna nota a pie de página que reconozca que es solo Dios quien posee la Verdad. Todos los humanos, incluso la Iglesia, vemos reflejos de la verdad, sus chispas, y, en vez de declararnos dueños de ella, haríamos mejor buscando el misterio y las huellas de Dios en todo lo humano: en la segunda oportunidad, en los frutos del amor, más que en el cumplimiento de las reglas; en la comunidad del pueblo de Dios, más que en el cielo de la abstracción.

Alemana, vive en Chile y es miembro de la CVX adultos. Cientista Político por la universidad Johannes Gutenberg, de Mainz, Alemania, y Doctora en Derecho por la universidad de Essex, Reino Unido. Académica, especialista en derecho internacional y derechos humanos.

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