“Sube a nacer conmigo, hermano”

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Macchu Picchu es algo bello, pero al mismo tiempo doloroso. Neruda nos ayuda a no pacificar el sufrimiento, porque si ponemos atención a la experiencia humana escucharemos gritos pidiendo ayuda.

“Macchu Picchu, pusiste piedra en la piedra, y en la base, harapos?
Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?
Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo goterón de la sangre?
Devuélveme el esclavo que enterraste!
Sacude de las tierras el pan duro del miserable,
muéstrame los vestidos del siervo y su ventana.
Dime cómo durmió cuando vivía.
Dime si fue su sueño ronco, entreabierto,
como un hoyo negro hecho por la fatiga sobre el muro”.

 

De esta manera el poeta Pablo Neruda se refiere a las ruinas de Macchu Picchu.  Hace algunas semanas un nuevo temblor remeció Cusco y no pude sino acordarme de estas palabras: detrás de la belleza y grandilocuencia de esta construcción de piedras, se esconde dolor y sangre derramada. En estas líneas Neruda le habla a todos aquellos esclavos anónimos que murieron explotados durante la construcción de esta hermosa ciudad. Neruda los llama por sus nombres y con ello los trae a la memoria, los hace presentes en medio de la belleza de las ruinas.

¿Somos conscientes de nuestros privilegios? Éstos son la belleza y grandilocuencia de la ciudad de Macchu Picchu, que para construirse necesitó del sudor y sangre de tantas personas. Tras la belleza y la comodidad de mis propias construcciones hay sangre derramada y sufrimiento de otros.

Este famoso poema se muestra como una resistencia a olvidarnos del dolor y como la explotación que se esconde detrás de lo hermoso. Nombrar a las víctimas es reconocer que tras esa belleza hay un sufrimiento y una muerte implicada. Esas piedras son algo bello, pero al mismo tiempo, doloroso. Abrir el corazón a Macchu Picchu es amar sin paz: si hay otros que sufren no podemos gozar de aquella paz. Lo que Neruda  hace a través de su poema es ayudarnos a no pacificar el sufrimiento, porque si ponemos atención a la experiencia humana escucharemos gritos pidiendo ayuda.

El poema nos habla también a nosotros. Las reformas que se están proponiendo en nuestro país han dado que hablar. Nos hemos encontrado con un país profundamente dividido y nos hemos visto forzados a pensar y discutir ciertos temas. Las preguntas que resuenan como música de fondo en todas estas discusiones y debates son, ¿con qué país sueño? ¿Qué valores quiero que reinen en el mundo que habitarán mis hijos y mis nietos? ¿A qué le tengo miedo? ¿Qué cuido tanto? ¿Qué aspectos de mi vida no estoy dispuesto a tranzar?

Si miráramos a nuestro país a través de los ojos del poeta, que ve dolor y sufrimiento anónimo tras la belleza y comodidad de su vida, habría más acuerdos que desacuerdos. Si estuviéramos conscientes del costo que tiene para otros el estándar de vida que llevamos y los privilegios que tenemos, no habría tanta división ni resistencia, sino un común acuerdo por generar cambios y transformar nuestro país. Si fuéramos capaces de ver la realidad, experimentaríamos lo vergonzoso que sería llegar ante Dios con las manos limpias y cuidadas. Los gritos son amenazas a mi orden y paz. ¿Queremos seguir enmudeciéndolos tras nuestros muros de piedras?

La pregunta no es si vemos o no el sufrimiento humano en nuestra realidad. Quiero creer que todos estaríamos de acuerdo en este punto. Lo que debemos cuestionarnos es si somos conscientes de nuestros privilegios. Éstos son la belleza y grandilocuencia de la ciudad de Macchu Picchu, que para construirse necesitó del sudor y sangre de tantas personas. A través de mis privilegios soy cómplice de la opresión. Tras la belleza y la comodidad de mis propias construcciones hay sangre derramada y sufrimiento de otros.

Cuando veo que hay una mayoría que sufre para que una minoría disfrute, se hace necesario reestructurar algunos aspectos de mi vida.  ¿Cómo podemos bajar de la cruz a aquellos que hemos crucificado? ¿Cuál es mi forma de “hablar por vuestra boca muerta?” Si no hay un real encuentro con la realidad de mi país, si no establezco lazos fraternales con quienes son distintos a mí, no será posible siquiera soñar con un país mejor. Echemos abajo nuestros muros, veamos qué se esconde tras ellos y tal como Neruda, llamemos a nuestros hermanos para que vengan a contarnos lo que les toca vivir y así volver a nacer, juntos.

“Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, decidme: Aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra no entregó a tiempo la piedra o el grano. Señaladme la piedra en que caísteis  y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales, las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta”.

Chilena, estudió Filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Cursa un Master en Teología en la Universidad Boston College, USA.

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