Sustentabilidad Socioambiental: Velando por la dignidad del ser humano

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¿Nos estamos acabando el planeta? Durante estos últimos años, esta pregunta, así como las problemáticas medioambientales, se han vuelto un tema cotidiano para la sociedad. Escuchar de “efecto invernadero”, contaminación lumínica, cambio climático o calentamiento global es vocabulario ya conocido. Son temas que llevamos a cuestas,  y que -pese a lo que algunos quisieran-,  no tenemos derecho a desconocer.

En Chile no somos ajenos a esta realidad: Hidroaysén, el Río Cruces, Pascualama, la planta de lodos en Pelequén, entre otros, son realidades que han sido ampliamente divulgadas por los medios de comunicación. Acontecimientos que son fruto de malas decisiones, y que tienen como común denominador el lucro y la falta de sentido común.

Pese a lo anterior, hoy la ciudadanía está siendo cada vez más capaz de mirar la temática medioambiental como un ámbito fundamental para formarnos de manera integral en los diferentes espacios en los que nos desenvolvemos. Hemos salido a las calles a protestar, y logramos -de vez en cuando- sumarnos a las campañas que surgen en diferentes partes del mundo en pos del cuidado del medio ambiente.

Sin embargo, pareciera que todavía debemos avanzar más en este tema. Un camino urgente consiste en adoptar acciones concretas que ayuden a desplegar el proceso de “sustentabilidad”. Más allá de crear una conciencia por eventos puntuales o problemáticas de moda, el desafío es formar conductas que  perduren en el tiempo.

¿Por qué esto se hace tan necesario? Porque, por ejemplo, es lamentable constatar que más allá de los esfuerzos que como sociedad podemos hacer en esta línea, en las familias chilenas el bien material prima por sobre el bien social y la sustentabilidad.

No basta con estar en manifestaciones públicas si seguimos actuando en el día a día de la misma manera. Si nuestros hábitos y conductas, tanto personales como familiares, siguen sin ser cambiadas. El desafío ahora es luchar contra el materialismo, la comodidad y la falta de sentido común disfrazados de “civilización”.

No podemos quedar impávidos frente a situaciones que ocurren a diario frente a nuestras narices. Debemos tomar acciones concretas para crear una verdadera sustentabilidad que nos permita reaccionar frente a  poderosos mercados que han irrumpido en nuestra sociedad como si fuera algo normal, y que han ido empobreciendo nuestro entorno, trayendo contaminación y basurales, entre otras cosas.

Pareciera que cada vez con mayor impunidad las grandes empresas, amparadas por los gobiernos, tienen luz verde para desequilibrar los sistemas naturales y sociales en los que se permiten instalar. Como si la pobreza no fuera suficiente, permitimos que muchas empresas con gran impacto negativo en el entorno operen cerca de poblaciones y sectores vulnerables, quitándoles aún más su dignidad. Empobreciendo el ambiente, llenándolo de contaminación y de malos olores.

Si bien estas empresas son necesarias para el desarrollo de la economía y del trabajo del país, se hace imprescindible su regulación. El bien monetario no puede seguir primando a costa de la salud de las personas y de los recursos naturales.

Por ejemplo, el caso de “Aguas Andinas”, en la comuna de Padre Hurtado, en la Región Metropolitana, ha traído grandes problemáticas al sector rural de “El Trebal”, que se vio afectado por la llegada de esta empresa. Si bien se permite que la mayoría de las comunas de la Región Metropolitana lleve sus desechos ahí, esto ha empobrecido cada vez más el lugar. Ha dañado sus cultivos, y las plagas y malos olores han disminuido notoriamente la calidad de vida de los habitantes del sector.

Peor aún, no nos damos cuenta que las políticas ambientales y legislativas son vulneradas desde la misma llegada de estas empresas a comunidades o poblaciones que irremediablemente se ven tentadas ante sus “ofertas”. ¿Qué familia de escasos recursos se opondría si es que le están ofreciendo educación para sus hijos y mejores sistemas de trabajo? Es lamentable constatar que juegan con sus ignorancias, necesidades y esperanzas de una vida mejor.

Nos debería doler que esto siga ocurriendo. Que el poder del dinero sea el que legisle, y no la dignidad del ser humano.

Debemos animarnos a educar hoy en estas problemáticas, y no esperar a que los recursos sean limitados para protestar o defender lo que creemos que es justo. Es un hecho que las empresas seguirán existiendo y lucrarán en pos de su conveniencia. Aun así, sólo basta valorarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad para cambiar estos sistemas. Debemos sacar la voz y no permitir que esto siga ocurriendo.

Debemos sentir que el respeto a los entornos sociales y naturales, son parte también de la dignidad del hombre, y que si los sabemos aprovechar, creceremos  libres y en sintonía con el medio que nos rodea.

* Oriana es profesora básica y de educación ambiental, y actualmente colabora en el equipo de formación de la parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, Región Metropolitana.

Chilena. Profesora Básica y de Educación Ambiental. Actualmente colabora en el equipo de formación de la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la comuna de Padre Hurtado, RM.

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