Teresa de Ávila: Mística cristiana para el s. XXI

“Nada te turbe,

nada te espante,

Dios no se muda,

 la paciencia todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene

nada le falta.

Sólo Dios basta.” STJ

No puedo decir que conozco a Santa Teresa de Jesús. Sin embargo, después de un par de meses viviendo en Ávila, su ciudad natal, no podía dejar pasar la oportunidad de dedicarle algún artículo a “La Santa”, nombre por el cual me estoy acostumbrando a llamarla.

Ávila es una ciudad increíble. Es considerada patrimonio de la humanidad. Sus enormes murallas, sus antiguos monasterios y el ambiente que se respira, no dejan lugar a dudas de que es una ciudad santa. Toda ella está decorada con el tema teresiano. No hay restaurant, hostal, bar o calle que no esté adornado con las letras STJ, “Sólo Dios basta”, “Dios no se muda”, “¿Qué mandáis hacer de mí?”, etc.

Los meses siguientes a mi llegada no hicieron más que confirmarme que Ávila es Santa Teresa. Por más hermosa que fuera esta ciudad, todo se lo debía a ella. No hubo periódico o canal de televisión que no pasara las noticias de los distintos eventos organizados para el V Centenario de su nacimiento. Participaron todos los niveles de gobierno de la ciudad: los bancos, los empresarios, los intelectuales, los comerciantes, los colegios, la Universidad Católica de Ávila, los políticos, los turistas, las familias y toda la gente. Ávila tiene a Santa Teresa en el corazón y respira gracias a ella.

Conforme pasaba el tiempo y convivía con mis compañeros de estudio, pude enterarme de todas las actividades previas al 15 de octubre, día de su fiesta. Se organizaron viajes por los lugares donde ella estuvo, desde los monasterios que fundó hasta llegar a su sepulcro en Alba de Tormes, lugar que tuve ocasión de visitar. Fue impresionante lo que se movía alrededor, la devoción, y el interés de la gente era intenso, comparable solo con lo que he visto en festividades marianas en América Latina.

Mi gran impresión fue percatarme del alcance e influencia que tiene Santa Teresa. Y no sólo en Ávila, pues los eventos teresianos acontecieron durante el año en todo el mundo. Los profesores del CITeS (Centro Internacional Teresiano Sanjuanista o Universidad de la Mística), fueron invitados a congresos teresianos en Colombia, México, Costa Rica, Suiza, Italia… incluso en Taiwán. Pareciera que todos reconocen la importancia de semejante personaje. Quizás, algunos más desde lo literario que desde lo espiritual, pero su figura resalta de un modo u otro.

Dentro del CITeS pude conocer que la Familia Carmelitana es más grande que los y las carmelitas descalzas. Existen las Carmelitas Misioneras, las Misioneras de Santa Teresita, Compañía de Santa Teresa de Jesús, Carmelitas Seglares, e infinidad y diversidad de colegios, centros de espiritualidad, misiones, etc. Incluso, entre mis compañeros del máster, pude saborear la variedad de personas tocadas por la espiritualidad de la Santa: sacerdotes y religiosas de Togo, Burkina-Faso, Colombia, Costa Rica, Vietnam, China, Portugal, Brasil, México, Argentina, Corea, Perú, Ecuador, Ghana, Lituania, Polonia, en fin. No todos ellos eran carmelitas. Había también diocesanos y laicos. Además, durante los encuentros y cursos, asistieron personas de otras religiones que descubrieron en la Santa una maestra para la humanidad entera.

Resultaría imposible agotar en un breve escrito toda la mística de Santa Teresa. Pero para animarles en la lectura orante de sus textos místicos, quiero destacar el libro de la Vida, Camino de Perfección y Castillo Interior. De éste último plantearé algunos puntos que me han interesado mucho y que creo podrían motivar.

En las clases sobre mística he escuchado decir varias veces a los profesores que, en Santa Teresa, se funda como tal la mística cristiana. En el cristianismo ésta ha sido muy influida por el neoplatonismo. Desde Dionisio Areopagita, pasando por San Agustín y toda la Edad Media, incluso San Juan de la Cruz, la mística gira en torno a esta experiencia de purificación hasta llegar a la unión con el Absoluto, Uno, Dios. En esta mística aparece Cristo y no tanto Jesús; es decir, habla de un camino ascendente que pasa de lo sensible a lo transensible, de lo humano a lo divino, de la carne al espíritu, dejando la sensación de que la mística es la salida de este mundo. Aunque esto no se puede generalizar en todos los autores, sí encontramos en ellos de algún modo este bagaje neoplatónico.

Pero en Santa Teresa ocurre algo distinto. Su mística no es neoplatónica, es más bien cristocéntrica. Pero no un cristocentrismo cósmico o metafísico, sino centrado en el Jesús humano, en la humanidad de Cristo. Por lo tanto, la mística de la Santa es totalmente encarnada.

El gran criterio teresiano para discernir si realmente se está creciendo en la vida espiritual no es el incremento de las llamadas “gracias místicas” (que por cierto Teresa tuvo muchas), ni la elevación de la persona en el conocimiento o la pureza. Para la Santa todo se resume en las obras.

El gran criterio teresiano para discernir si realmente se está creciendo en la vida espiritual no es el incremento de las llamadas “gracias místicas” (que por cierto Teresa tuvo muchas), ni la elevación de la persona en el conocimiento o la pureza. Para la Santa todo se resume en las obras. Así lo escribe en el capítulo cuarto de las séptimas Moradas: “Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras.” Estamos, por lo tanto, ante una espiritualidad profundamente mística y encarnada en la humanidad de Cristo, por consiguiente, en la Humanidad, es decir, en la realidad. En este sentido Santa Teresa podría iluminar la espiritualidad cristiana actual, llamada a ser una espiritualidad encarnada y mística.

En mi opinión, una de las grandes crisis del cristianismo actual (la gran crisis diría yo) es la escasez sistemática de mistagogía, es decir, de mujeres y hombres con experiencia y disponibles que funjan como acompañantes en el camino al Misterio Divino. En este punto, Santa Teresa puede ser de gran ayuda. Cuando sus directores espirituales –algunos de ellos jesuitas– le recomendaron escribir las gracias que Dios había hecho en ella, Teresa accedió únicamente a hacerlo con la intención de que sus textos sirvieran para futuras generaciones de cristianos. Por lo mismo, hoy esos escritos cobran una función pedagógica, en los que encontramos consejos, aclaraciones y sugerencias para la vida espiritual.

Al mismo tiempo, describen de varias maneras el proceso del caminante para iluminar el propio camino de los lectores.

Por ejemplo, en el libro de la Vida, capítulo 11, Teresa habla de cuatro modos de oración:

Paréceme a mí que se puede regar de cuatro maneras: o con sacar el agua de un pozo, que es a nuestro gran trabajo; o con noria y arcaduces, que se saca con un torno; yo lo he sacado algunas veces: es a menos trabajo que estotro y sácase más agua; o de un río o arroyo: esto se riega muy mejor, que queda más harta la tierra de agua y no se ha menester regar tan a menudo y es a menos trabajo mucho del hortelano; o con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nuestro, y es muy sin comparación mejor que todo lo que queda dicho.

De este modo, la lectura de la Santa es para muchos un gran modo de ir sopesando el propio camino espiritual, tomando en cuenta sus consejos, sus descripciones de la oración y sus ideas.

En sus poesías, Teresa lanza profundas sentencias que motivan una meditación de largas horas, pues en pocas líneas expresa lo que libros enteros de teología no logran. En estas poesías se encuentran las actitudes y los frutos característicos de la mística tales como:

El profundo deseo de Dios: “Vivo sin vivir en mí/y tan alta vida espero/que muero porque no muero”.

La total apertura del corazón para acoger Su voluntad: “Vuestra soy, para Vos nací/¿Qué mandáis hacer de mí?”

Finalmente, en Santa Teresa se puede encontrar una gran aliada para el diálogo interreligioso. Por un lado, como ya mencioné, Teresa vive y predica una mística profundamente cristiana y encarnada en la humanidad de Cristo, lo que da un piso firme desde el cual situarse para dialogar con otras tradiciones. Por otro lado, Teresa llega a lo que todo gran místico alcanza. Sin perder lo específico de su tradición, rasga algo que ilumina y enamora a los buscadores de todas las tradiciones. En mi labor en el diálogo interreligioso, he escuchado a swamis recitar las poesías de Santa Teresa y sé que algunos sheiks del Islam recomiendan profundamente su lectura. Cabe mencionar que una de las actividades organizadas por el CITeS en torno al V Centenario fue el premio “Santa Teresa y el diálogo interreligioso”.

Con estos párrafos intenté sumarme a la gran cantidad de homenajes que, durante los últimos meses, se celebraron por todo el mundo en torno a la figura de Santa Teresa de Jesús. Me queda simplemente extender la invitación a que lean sus textos, ya sea, por un mero interés literario o motivados por una profunda sed de Dios.

Santa Teresa es un referente para todo aquel cuyo corazón late con la pregunta “¿qué mandáis hacer de mí?”.

Elías González Gómez. Mexicano. Estudió licenciatura en Filosofía y Ciencias Sociales en Guadalajara, México. Actualmente es estudiante del Máster en Mística y Ciencias Humanas en Ávila.

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