Todo cae por su propio peso

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Hace un tiempo atrás, cierto canal de televisión informaba sobre las precarias condiciones laborales en las que un empresario tenía a un grupo de peruanos. Si bien este joven ejecutivo, de alrededor de 35 años, evitó las cámaras de televisión por unos días, su aparición pública fue inminente. Lo interesante del hecho es la justificación que da, pues no trata de esquivar las acusaciones, y señala, literalmente, “esto es sólo un error cuyas consecuencias voy a asumir”.

Estas declaraciones me hicieron recordar un caso similar que fue destapado hace algún tiempo por los medios masivos: la trata hacia los trabajadores paraguayos por parte del empresario Francisco Javier Errázuriz, que no fue de lo más cristiana. Hoy el destape de los que se jactan de ser cristianos, pero que en la práctica no lo son, es inminente. Al parecer la institucionalidad encargada de velar por el bien común está funcionando y dando a conocer irregularidades, que décadas atrás eran impensadas. ¿Hace treinta años se habrían destapado las tres grandes colusiones que últimamente hemos conocido, como son las de las farmacias, los buses y, actualmente, los pollos?

La sociedad civil ya no aguanta a una persona o a un grupo que predique, que tenga un rosario en sus manos, o en su cuello un collar con una cruz colgando tal cual trofeo. Ya no es suficiente. Es que el engaño sistemático de una minoría plutocrática a lo largo de la historia de Chile parece haber cansado al hombre de esfuerzo, de trabajo, cuyo sueldo se va en el pago de las deudas, tal cual saqueo encubierto. Basta ver cómo algunos empresarios se jactan de una responsabilidad social cuando lo que hacen es marketing. Esto se refleja en la cantidad de agencias publicitarias que se hacen cargo de problemas empresariales para regular la información revelada, o la gran contratación de periodistas para cubrir eventos solidarios patrocinados y auspiciados por las mismas empresas. Y esto no es lo único, ya que basta ver cómo algunos empresarios, civiles, políticos, militares, asalariados, etc., pero católicos de ramas más conservadoras, cuyo accionar social y sexual estaría regulado por la Iglesia, son capaces de justificar el atropello a la dignidad humana por cifras económicas.

Siguiendo esta línea el homenaje a Miguel Krassnoff hace unos días atrás pues fue un hito en la historia social de Chile que es meritorio destacar. Sólo me detendré en una de sus aristas, que es el actuar de la Unión Demócrata Independiente (UDI) frente a este homenaje. En mi opinión, tanto los militantes como otros representantes al omitir sus consideraciones al funado evento dejaron de manifiesto que por más que hablen de democracia, apertura, pluralismo y acción social (en el caso de ellos, guiados por lo que dice la Iglesia y un exacerbado populismo), por dentro siguen vivos los deseos e ideologías propios dela Guerra Fría. Si no es así, ¿por qué los jefes de esa bancada política no manifestaron desde el primer instante un rechazo a ese evento, o por lo menos hicieron alguna declaración al respecto?, ¿será acaso porque en lo más íntimo el autoritarismo los bate, pero la frase “el qué dirán los otros” los detiene?, ¿o que este suceso, tanto como el de los empresarios cristianos en el hablar pero liberales en el actuar, es “sólo un error cuyas consecuencias voy a asumir”?

Con razón la gente está cansada. Con razón los famosos indignados. Pero como versa el refrán, “todo cae por su propio peso”. Y se nota.

* Juan Carlos es alumno egresado del colegio San Mateo (Osorno), de la Compañía de Jesús.

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