Todos los santos

Lago de Todos los Santos, X Región, Chile.

Lago de Todos los Santos, X Región, Chile.

Vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono del Cordero… (Apocalipsis 7:9)

Chile tiene un lago que se llama Todos los Santos. Está rodeado de bosques, ríos y montañas, entre ellas, tres volcanes activos. La naturaleza está prácticamente intacta porque no es fácil llegar. El agua es limpia y fría, al gusto de los salmones. El nombre de lago es una herencia de los primeros misioneros jesuitas [1]. Estaba en el circuito que hacían a pie por el interior. Se entiende por qué lo bautizaron así.  Parece el paraíso.

La teología barroca, por lo demás, consideraba que el cielo era, igual que el lago, de muy difícil acceso. Los tridentinos compartían la visión del maestro de la ley que preguntó a Jesús, ¿cierto que pocos entran al Reino?[2]. Los misioneros de la época se urgían por salvar las almas, porque creían que la mayoría se iba al infierno. Jesús, por su parte, responde que son muchos los que entran, pero los que se creen asegurados quedarán afuera, precisamente por eso [3]. Nadie en esta tierra puede creerse dueño, árbitro o administrador del Reino de Dios.

El problema es que los perfectos son como las hadas y los dragones. No existen, en verdad. Solo existe la idea tentadora de que podrían existir. (…) Si la meta del cristiano es la perfección, rápidamente se vaporiza el perdón de los pecados y así, el evangelio también. No hay buena noticia sin la misericordia incondicional.

Jesús anticipa una enorme multitud para el banquete celestial, pero su criterio de admisión es inesperado. No es de rito y reglamento. El pueblo fiel se imagina un Reino exclusivo para puros e inmaculados. Eso es un mito. Tenemos una sola Inmaculada. Los demás son santos convertidos. La hagiografía suele higienizar sus historias, retrata a los venerados de aureola, con manos juntas, pasivamente mirando al cielo. Saber que hay gente como uno que, por la gracia de Dios, hizo una dura travesía para encontrar cielos nuevos y tierras nuevas, es la mejor motivación para embarcarse. Nos serviría conocer a nuestros santos en verdad.

Desgraciadamente, la devoción al platonismo perfeccionista suele ser más fuerte que la devoción al evangelio. El problema es que los perfectos son como las hadas y los dragones.  No existen, en verdad. Solo existe la idea tentadora de que podrían existir. Los ideales simétricos y ordenados son bonitos, pero incapaces de gozar de la belleza de un inmenso lago perdido entre las montañas, o sentir compasión por los abandonados en la sociedad actual.  Si la meta del cristiano es la perfección, rápidamente se vaporiza el perdón de los pecados y así, el evangelio también. No hay buena noticia sin la misericordia incondicional.

El otro disparate que el pueblo fiel tiene incrustado en las neuronas es que los puros e inmaculados, sentados ahí en el banquete, se dedican a gestionar favores para sus predilectos. La corte celestial se entiende como una burocracia que trafica influencia. Ostentoso, ceremonioso y majestuoso será; pero sobre todo, es útil para manipular a Dios, para conseguir que asuma, de vez en cuando, su infinita responsabilidad para con sus hijos; o, al menos, con algunos, los que tengan un santo en la corte [4].

Y ahí se deformó la historia de salvación por completo. No queda nada de amor, nada de compasión ni solidaridad. El pueblo fiel termina dedicado a exóticas liturgias de sumisión para ver si logran caer entre los pocos favorecidos del escasísimo amor de Dios. El Reino de los pobres que son felices, de los sedientos de justicia, de los misericordiosos y promotores de la paz, se acabó.

¿Qué es lo que realmente cree el católico? Los verdaderos santos recordados por la Iglesia y colocados como ejemplos para todos no son traficantes de influencia celestial, sino hombres y mujeres que en sus vidas captaron la esencia de la imitatio Cristi. No se quedaron obsesivamente perfeccionándose para vanagloria personal. Ellos actuaron haciendo lo que Cristo haría. Se sacrificaron, no por penitencia, sino para servir a los desposeídos.

El Reino está repleto porque la misericordia divina es infinita. Hay una multitud enorme y diversa. Fue salvada por la gracia ilimitada de Dios. Los santos son modelos de vida, y en vez de pedirles favores el pueblo debería seguir su ejemplo, haciendo favores a los demás. La pregunta devota es, ¿qué puedo hacer para servir a mi eterno Rey y Señor? Así, el misterio de la fe volverá a centrarse en Cristo, sol de justicia, y su prioridad absoluta, la compasión con los desamparados.

El Documento de Medellín (1968) producto del primer encuentro oficial de los obispos de Latinoamérica, propuso la metodología, ver, juzgar, actuar, como el derrotero de la Iglesia del continente.  Se adoptó como propuesta para superar el legalismo fariseo y el favoritismo pagano, para así seguir en las huellas de los santos. ¿Dónde hemos llegado con eso?

Se trata de contemplar al mundo que nos rodea, de verlo con ojos de Jesús. Se trata de vivir atentos a los signos de los tiempos. Juzgar no quiere decir condenar, sino decidir, o discernir con el criterio del Reino, cómo responder a las situaciones observadas. La fórmula termina llamando a la acción concreta. Es fácil encomendar a los marginados en la oración, o esperar que los gobiernos pongan remedio. Pero ese no fue el estilo de Jesús. Se trata de poner el amor en obra para que no se quede en puras e inmaculadas palabras [5].

La propuesta de Medellín era que las comunidades no se quedaran en el perfeccionismo vanaglorioso (con todo el negativismo de la Iglesia prohibitiva de Trento) sino que salieran de sí misma para formular proyectos solidarios que respondieran a las heridas e injusticias del mundo actual. Tenemos tarea pendiente. Todos los santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

 


[1] No existe información exacta sobre el origen del nombre, pero jesuitas fueron los primeros europeos en la zona, ya bien entrado en el siglo XVII, y los demás lagos de la región retienen hasta el día de hoy sus nombres originales en mapudungun.  Cf.http://www.lagotodoslossantos.net/es/lago.htm#basicdata1

[2] Lucas 13:23

[3] En todo caso, nadie debe morir sin conocer el lago de Todos los Santos.  Vale la pena.

[4] Se supone, por lo demás, que el Padre Celestial es por naturaleza, negligente.

[5] En algunos lugares, ya están diciendo, ver, juzgar, actuar y celebrar; con la idea  de cerrar el círculo con algún reconocimiento litúrgico.  Desgraciadamente, muchas veces, la liturgia reemplaza la acción concreta.

Jesuita, ha trabajado muchos años en Chile y Brasil, en pastorales diversas. Actualmente está de sabático en Texas, EE.UU., su tierra natal.

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