Tributo a los artistas y vendedores callejeros

(cc) Vicente Dasí

“¡Cuando lo pillo por la calle le digo! / ¡Siempre le digo! / ¡Cuando lo pillo por la calle le digo! / ¡Siempre le digo! / Que güen estilo llegan a encontrar / que güen estilo llegan a encontrar… / Así comienza la canción de Juanafé dedicada a los vendedores callejeros, esos personajes que aparecen por distintos lugares de nuestras ciudades ofreciendo sus productos… su arte. Brillante forma tiene este grupo musical de hacer tributo a tantos trabajadores y trabajadoras que hacen de la calle la mejor vitrina para ganarse el sustento diario.

Payasos, cantantes, artesanos, comediantes, músicos, vendedores refinados, vendedores de helados, de frituras varias –y a veces de dudosa limpieza-, malabaristas que aprovechan el cambio de luz del semáforo… Todos ellos, figuras presentes en el paisaje urbano, un espacio donde caben desde los más elaborados, hasta aquéllos que, incluso cantando mal, luchan por recibir una esquiva moneda.

¿Cuántas veces has ido triste por la vida y ellos te han levantado el ánimo? Probablemente algunos también han llegado en mal momento y han resultado ser una verdadera molestia. Quizás, haciendo diariamente el mismo recorrido de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, te has encontrado una y otra vez con los mismos personajes, cuyos discursos ya conoces de memoria. Pero no puedes negar que más de alguna carcajada te han sacado, que más de alguna vez has cantado con ellos, o que habrás comprado alguno de esos artilugios que sirven pa’bonito o porque la oferta se veía atractiva, aunque no la necesitaras.  ¡Quién no ha llegado a la casa con alguno de sus recuerdos!

Estudiantes que pagan su carrera, cesantes sin oportunidades, librepensadores que gozan de su autonomía, trabajadores aburridos de su jefe, ex presidiarios que no encuentran espacio en la sociedad. Cada uno de ellos tiene su historia, y la cuenta a través del arte. Si pudiéramos reunir a toda esta gente en un solo espectáculo, quizás nos llevaríamos muchas sorpresas de tanta creatividad que estaba escondida. Una verdadera cultura que se debe abrir camino en medio de las dificultades y la falta de oportunidades.

Si alguno de estos personajes interrumpe tu camino, sácate los audífonos, deja el libro o el diario a un lado, siéntate en el palco y escúchales con atención. Quizás den un respiro a tu vida, se te ocurran ideas, te hablen del amor gratuito y sencillo de Dios, y te den ganas de aplaudir a aquél que se excusa por interrumpir tu viaje. Y de paso, con tu módico aporte, ayudas a su sustento. Así, quizás, puede ser que todos terminemos un día cantando: ¡Que güen estilo llegan a encontrar!

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