Una Iglesia en salida

naipes

El Papa habla de “castillo de naipes” al referirse al tipo de Iglesia en que podemos convertirnos si ponemos el énfasis en la doctrina y la moral.

Junto con seguir la discusión sobre moral sexual que se ha instalado en nuestro país durante las últimas semanas, a propósito del sínodo sobre la familia convocado por el Papa Francisco que tendrá lugar en octubre de este año, he estado leyendo la Exhortación Apostólica del Papa Francisco Evangelii Gaudium. La lectura del texto arroja varias luces relacionadas directamente con esta cuestión.

El Papa usa las palabras “castillo de naipes” (39) y “pieza de museo” (95) al hablar del tipo de Iglesia en que podemos convertirnos si ponemos el énfasis en la doctrina y la moral procedentes de determinadas opciones ideológicas. Así será nuestra iglesia si nos olvidamos de proclamar el evangelio que tenga una “real inserción en el pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia” (95).

No es por nada que el Papa hable de una “Iglesia en salida”. Una Iglesia que abre sus puertas al pueblo de Dios y quiere escuchar lo que éste tiene que decir. La Iglesia debe salir a empaparse de la historia y de la realidad de sus fieles. En esta misma línea, Francisco ha tenido el gesto de hacer preguntas sobre temas de moral sexual y familiar, para así tantear y conocer cómo están viviendo los católicos su sexualidad. La discusión que se ha instalado ha surgido a raíz de la verdad que las respuestas han arrojado: la manera en que los católicos están practicando su sexualidad está en muchos aspectos distanciada de la enseñanza de la Iglesia en esta materia. La pregunta es entonces si debe o no la Iglesia desarrollar o ajustar su doctrina.

La Iglesia debe salir a empaparse de la historia y de la realidad de sus fieles. En esta misma línea, Francisco ha tenido el gesto de hacer preguntas sobre temas de moral sexual y familiar, para así tantear y conocer cómo están viviendo los católicos su sexualidad.

La Iglesia a partir del Concilio Vaticano II comprendió que era necesario buscar a Dios y su voluntad en los signos de los tiempos, es decir, en la realidad. En sintonía con esto, el Papa quiere que la Iglesia se abra al mundo moderno, democrático y científico y para ello invita a los fieles y a las ciencias sociales a la discusión. Necesitamos saber y entender qué está pasando en la historia para conocer a Dios, puesto que Dios habla a través de la realidad humana.

Nuestra Iglesia es Católica Apostólica Romana, pero también es chilena. Si la Iglesia no se encarna en la piel de su país no es una verdadera Iglesia. Si sigue profesando una doctrina que no tiene relevancia ni cabida en la realidad, entonces no será Iglesia chilena, ni tampoco universal. La invitación es a que ampliemos el debate, a que nos hagamos las preguntas correctas y tomemos decisiones. Si sólo nos quedamos con la doctrina y seguimos aferrándonos a ella ciegamente, nuestra Iglesia se convertirá en una institución encerrada, un laboratorio frío e impenetrable, en el que los fieles no tienen cabida. Qué bonito y esperanzador es el llamado del Papa a involucrarnos más activamente en las problemáticas actuales. Tomemos conciencia de que la Iglesia es una comunidad y de que somos parte de ella. La Iglesia nos necesita y nos está pidiendo ayuda. Tomémonos en serio este llamado.

Escuchemos a nuestro Papa que tan lúcidamente entiende la necesidad de renovación de nuestra Iglesia y que nos invita a estar en permanente contacto con los hogares y con la vida del pueblo, para que la Iglesia no sea una “prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos” (28).

Abrir las puertas a la historia, a la realidad, no es traicionar una tradición ni volverse relativistas. Es simplemente ser Iglesia. Y rechazar esta iniciativa del Papa a abrirse a la realidad del mundo, a la historicidad, es negarse a serlo.

Chilena, estudió Filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Cursa un Master en Teología en la Universidad Boston College, USA.

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