Vid y sarmientos

Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así ustedes no podrán dar fruto si no permanecen en mí. Juan 15:4

Escuché un comentario hace poco, que la Iglesia no puede proclamar la buena noticia como invitación abierta a la multitud, porque… los valores. Porque los valores, ¿qué? No sé si entendí bien, pero me escandalizó.

La idea sería que, en primer lugar, no se invite, sino que se imponga el evangelio, porque el Reino se alcanza sólo por imposición obligatoria. Es decir, por miedo a las alternativas. Más encima, se supondría que los pueblos lejanos, a los cuales los apóstoles fueron enviados, serían incapaces de cumplir con las durísimas exigencias del cristianismo y que, por fidelidad a los valores, hay que olvidarse de su evangelización, excluyendo por principio a los forasteros, los incultos y los pecadores.

Su lógica es errada, y su teología, también. No existe razón alguna que haga pensar que, para hacer una invitación abierta, habría que descartar valores. Más aún, uno de los valores fundamentales del evangelio es justamente su universalidad: la inclusión de los excluidos.

Los feligreses del corral cerrado preguntan si caen en pecado los que hacen la señal de la cruz de esta manera en vez de esa otra. 50% del mundo se acuesta con hambre todas las noches; 80% sin acceso a la educación ni a la salud; y los seguidores de Cristo, ¿preocupados por eso? ¿De qué valores me están hablando?

Por lo demás, vivir el evangelio es un desafío sobrehumano para todos; no sólo para los de lejos, los desconocidos y los extraños. Suponer que una cierta clase de gente es capaz de vivir los valores del evangelio, así, con naturalidad, sin el auxilio constante del Resucitado, es soberbia, arrogancia e hipocresía. A todo nivel, se cumplen las exigencias del discipulado por la gracia.

Se viven los valores del evangelio, más allá de educación, cultura o clases sociales, por la acción del Espíritu Santo. No existe ningún grupo, movimiento ni nación que sea dueño de la plena participación eclesial. La savia de la vid debe penetrar en todos los sarmientos. Los que se creen independientes, o mejores que los demás, se alejan de la vid y no producen fruto.

San Pablo fue transformado por la gracia. Antes, fue perseguidor de la iglesia. Después, fue apóstol incansable de Jesucristo. Los que descansaban en la absolutez de los valores para cerrarse en su grupo pequeño, sin salir de Jerusalén, dudaban de su conversión. Así, por un tiempo, Pablo fue excluido de la mesa fraterna. Desconfiaron de él, y de los que él había evangelizado. A la comunidad primitiva, le costó integrar a los paganos; los de Filipos, Galacia, Tesalónica y Corinto. Ellos eran la multitud. Eran los forasteros, los pecadores y los pueblos lejanos. Hoy, meditamos su correspondencia para aplicar su experiencia a nuestra realidad.

El Espíritu Santo no obedece a la Iglesia; la Iglesia obedece al Espíritu. El rebaño no conduce al Buen Pastor; es conducido, (también, en los valores), por él. Uno de aquellos valores prioritarios es la misión de compartir el Reino del amor. El amor no es amor si se guarda para sí mismo. Si no corre la savia, se mueren los sarmientos.  

Los feligreses del corral cerrado preguntan si caen en pecado los que hacen la señal de la cruz de esta manera en vez de esa otra. Cincuenta por ciento del mundo se acuesta con hambre todas las noches; ochenta por ciento sin acceso a la educación ni a la salud; y los seguidores de Cristo, ¿preocupados por eso? ¿De qué valores me están hablando?

Hay una campaña por parte de un movimiento de estricta observancia para hacer boicot a un programa de televisión y a todos sus auspiciadores porque se burlaron de los católicos. Es una lucha hasta la última consecuencia por defender los valores, según dicen. Entre paréntesis, ese programa se burla de todo el mundo. Se trata de un estilo de humor irreverente que no deja títere con cabeza. Nadie está persiguiendo a ningún grupo en particular, y nadie está preparando campos de concentración para los católicos. Es humor, nada más.

En Haití la gente no da más. Su frágil economía colapsó después del terremoto. En México las políticas del NAFTA dejaron un vacío que fue ocupado por la violencia de los carteles de la droga. En el Sudán y en Corea persisten conflictos crónicos entre norte y sur. En Siria, Israel e Irán, oriente y occidente se enfrentan. Ébola infecta a los africanos y Nepal sufrió un terremoto mortal. Secuestran y trafican a los jóvenes por todo el mundo. La pandemia de VIH avanza. La temperatura atmosférica promedio va subiendo en forma alarmante por la avaricia de quienes no pueden dejar de producir y consumir combustible. ¿Y los católicos comprometidos están preocupados por las bromas en la televisión? Coloca la otra mejilla o apaga el televisor. Los sarmientos que permanecen en Cristo se preocupan de cosas más importantes.

Jesuita, ha trabajado muchos años en Chile y Brasil, en pastorales diversas. Actualmente está de sabático en Texas, EE.UU., su tierra natal.

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